Carlos Tejos dedica sus días a la docencia
Tras caerse de un caballo en Vértigo extremo, el 2006, cambiaron las prioridades del periodista.
Corrían locos tiempos en la vida de Carlos Tejos cuando, en abril del año 2006, su participación en el programa «Vértigo extremo» lo dejó en el hospital. Un brioso caballo lo lanzó al suelo, provocándole feroz lesión en la cabeza, esa que años antes había generado lo que hoy se conoce como opinología farandulera. «En ese momento cambiaron las prioridades en mi vida», confiesa el magullado jinete, ahora dedicado a la vida académica en una universidad.
«Durante los días de las matrículas, las mamás, los papás y las abuelitas de los alumnos me pedían tomarse fotos conmigo», cuenta Tejos, haciendo patente el recambio generacional que ha habido desde que a mediados de los 90 importó el periodismo de farándula desde Argentina. Los apoderados que lo reconocen, son los que han inscrito a sus hijos en las carreras que ofrece la escuela de Comunicación Estratégica de la Universidad Autónoma de Chile, a la cual el periodista y estudiante de un Master le dedica las «25 horas» de su día.
-¿Extrañas la farándula?
-No podría decir que la extraño, pero sí la sigo como un fenómeno mediático importante. Me parece que las figuras del espectáculo son dignas de ser miradas desde la publicidad. Es interesante cómo personajes como Arenita hoy pueden tener el peso y la notoriedad mediática de Sebastián Piñera, por ejemplo.
-¿Cómo te cae la chapa de «padre de la opinología»?
-Aunque comprendo el apodo, en realidad me gustaría ser recordado como el padre de una nueva generación de profesionales, sobre todo desde mi trabajo académico. Pero bueno, yo respeto mucho el trabajo de mis colegas del espectáculo. Y así como hay gente buena y profesional, también hay gente mala.
-¿Creaste un monstruo?
-¿Es que acaso el padre de un asesino debe ser juzgado por los crímenes que su hijo comete?
«Los papás y las abuelitas de los alumnos me pedían tomarse fotos conmigo»
Tata Carlos


