El carabinero muerto en Ollagüe iba a retirarse el próximo año

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Título/Pie de foto: El plan de la familia era irse a La Serena para que Ignacio (al medio, flanqueado por Rigoberto y Daniza) cursara sus estudios universitarios.


Su viuda, Daniza Delgado, dice que esperaban vivir en La Serena

Rigoberto Candia recibió tres balazos cuando interceptó, en el altiplano, a una pareja de burreros.

Ignacio Molina

«Rigoberto siempre daba más de lo que tenía que dar. Era muy incondicional con la institución. Siempre trataba de hacer lo mejor que podía. Y nunca transó con el hecho de ver personas que comercializaban drogas. Él siempre fue muy camiseteado por su institución».

El testimonio es de la tocopillana Daniza Delgado, esposa del chillanejo Rigoberto Candia, 47 años, suboficial de Carabineros perteneciente a la tenencia de Ollagüe, y especialista en montaña y fronteras. La mañana de este miércoles el funcionario fue encontrado agónico por dos caminantes que se dirigían a Bolivia por uno de los pasos habilitados de la zona. Su cuerpo estaba tirado a un costado de la carretera que conecta Ollagüe con Calama, en la Región de Antofagasta, y presentaba tres impactos de bala. Falleció a las 12.07 en la posta local.

El coronel Jorge Tobar, prefecto de El Loa, explicó que Candia se encontraba de turno y se había propuesto seguirles la pista a un grupo de burreros que se desplazaban en dirección a Ascotán. La tarde del miércoles ya detuvieron al primer sospechoso (ver página 30).

«Su trabajo en la frontera era muy complicado», recuerda Daniza. «Más que nada porque no contaba con una buena infraestructura. Él me contaba que a veces tenían que salir sin radio a patrullar. Eso me impresionaba mucho. Rigoberto me decía: Negrita , cuando salimos, quedamos incomunicados. Salimos a las 8 de la noche a patrullar y regresamos a las 8 de la mañana . ¿Y si no regresan?, le dije cuando me contó eso. Entonces nos salen a buscar para ver si estamos vivos, me respondió Rigoberto. Yo quedé horrorizada».

Candia ingresó a la institución el 16 de febrero de 1989. Su primer destino fue la Cuarta Comisaría de Calama. En esa ciudad estuvo 19 años y se desarrolló prestando servicios en montaña y fronteras. Después fue destinado a la tenencia de Ollagüe. Su jornada en el altiplano chileno consistía en veinte días seguidos de trabajo y cinco de descanso. «Aunque llegó a estar más de cuarenta días seguidos arriba», cuenta Daniza. «Pero este sacrificio lo hacía por nuestra hija (Alejandra). De otra manera no le habríamos podido pagar los estudios».

Alejandra, de 24 años, se tituló de ingeniera en construcción en la Universidad Católica del Norte el 12 de enero de este año. «Rigoberto felizmente logró verla titulada y pudo disfrutar de ese momento. Estaba muy contento. Que ella saliera de la universidad fue una sus más grandes satisfacciones».

-¿Y ustedes cómo se conocieron?

-Paseando, así nomás, porque en Tocopilla todo es como familiar. Él estaba con unos amigos, yo con unas amigas, y compartiendo nos conocimos todos. A mí me llamaron la atención sus intensos ojos verdes. Fue el año 89; él llevaba tres meses en Tocopilla como carabinero.

El suboficial se iba a retirar de la institución en diciembre del 2016. «Después de todos estos años (en Ollagüe), mi esposo ya estaba empezando a echar de menos a su familia. Uno ya está más viejo y quiere estar más junto. Lo más penoso de todo esto es que teníamos muchos planes. Nos íbamos a radicar en La Serena; ya teníamos la reserva de un departamento allá, de hecho, yo lo fui a ver. Nuestro otro hijo, Ignacio, pasó a tercero medio este año. Y después que él diera su PSU, pensábamos radicarnos allá para que siguiera sus estudios universitarios. Estábamos muy entusiasmados con esa idea de cambiar de ambiente. Esos planes que teníamos como pareja era lo que le daba ánimo a Rigoberto para seguir trabajando. Pero todo no puede ser perfecto. Nuestra vida era demasiado maravillosa… pero no nos duró mucho».

Ayuda a la viuda

Cuando ocurren estas muertes, las viudas de los carabineros tienen aseguradas al menos tres compensaciones. En el momento reciben un desahucio, que es una especie de indemnización, y el pago de un seguro institucional. Además, hasta su propia muerte, reciben un montepío. Los montos dependen de los años de servicio y el grado del funcionario.

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