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Título/Pie de foto: «El gasto ni lo sentí. Fue un acto de amor» Erick Benbow
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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Erick, con camiseta de la U, junto a sus agradecidos ídolos.
Erick Benbow, ingeniero mecánico, auspició al grupo alemán con 305 mil pesos
«Uno podrá andar de negro y chascón, pero tiene corazón», recalca el fanático.
Luis Gajardo
Dos cosas son las que los alemanes del grupo de black metal Nargaroth jamás en su vida van a olvidar de su paso por Chile.
La primera: Después de su show en Santiago debían viajar a Antofagasta. Pero el productor a cargo canceló todo por medio de un papelito y los dejó literalmente en la calle. Sin plata ni para pagar su estadía en el hotel donde se habían quedado.
Lo segundo: Después de pedir auxilio por Facebook a sus seguidores pidiendo alojamiento, apareció un fan que llegó raudo, con el corazón y la billetera abierta, dispuesto a salvarlos.
Fue bautizado como «Farkas metalero», pero el hombre tiene nombre y apellido. Se llama Erick Benbow, de 38 años, es ingeniero en ejecución mecánica, y la siguiente es la historia en primera persona de cómo fue que salvó de la situación de calle a sus ídolos:
«Mis dos pasiones son la U y el black metal. De Nargaroth soy fanático desde el 2003. El miércoles fui al show en la Blondie. Estuvo muy bueno. Con harta oscuridad. Harta mística. El cantante sobre todo, Ash, logra una especie de embrujo con el público.
Al otro día vi el mensaje en Facebook. Se había suspendido el concierto en Antofagasta y habían quedado tirados. Lo encontré penca. Impresentable. Entonces busqué en qué hotel estaban y partí.
Allá hablé con una niña que andaba con ellos y que hizo de intérprete. Le expliqué que era fan y que quería ayudarlos. Me contó que tenían las cosas en el lobby. Que ya no podían ni volver a sus piezas. Le pregunté cuánto era y que lo podía pagar al tiro. Ash, el cantante, apareció y quedó loco. Me abrazó y me dijo que le había vuelto el alma al cuerpo. Serio eso sí, como son los alemanes.
Ahí las cosas se dieron como por arte de magia, porque justo había encargado unos vinilos de ellos y aproveché de que me los firmaran. Me saqué fotos con todo el grupo, me abrazaron, y me dieron las gracias muy emocionados.
Pagar por la estadía me costó 205 mil pesos. Además les dejé 100 mil pesos para gastos extras que tuvieran, como comer y todo eso. Todo en cash .
Después caché que me habían puesto el Farkas metalero. Yo tenía un solo objetivo: ayudar a que su estadía en Chile tuviera un final feliz. El gasto ni lo sentí. Fue un acto de amor. La gente tiene el prejuicio de que los metaleros somos gente fría: uno podrá andar de negro o ser chascón pero adentro tiene un corazón que late con generosidad.
Mi pago es haber quedado como parte de la historia de Nargaroth. Porque esto, me dijeron, no les había pasado en ningún lugar del mundo, ¡Y justo les pasó acá en Chile!».


