El mejor también es el que revive cuando todo parece perdido
Como Chucky González en la gloriosa campaña del Clausura 2012, Cris Martínez lideró ahora a un grupo de jugadores que supo rebelarse frente al favoritismo de terceros.
En el fútbol se suele decir que un equipo es mejor que otro cuando ocurren cosas como el gol de Huachipato contra Ñublense en Chillán. El gol que rompió el empate y devolvió milagrosamente a los acereros a la pelea por el título nacional de 2023. El cronómetro marcaba 96.10: el último de los siete minutos agregados por el árbitro al final del partido en el estadio Nelson Oyarzún. Cobresal, que había terminado un poco antes contra la U, alcanzó a sentirse campeón, apenas un minuto o dos, lo suficiente para intuir que todavía podía perderlo todo en la fecha final: ese miedo que tira la piedra y esconde la mano para instalarse furtivamente en la urgencia de los desesperados.
Hay que mirar tantas veces como sea necesario el gol de Maximiliano Rodríguez contra Ñublense. Sin saberlo en ese momento, el auténtico gol del campeonato. En la jugada previa, ocho segundos antes, el mismo Rodríguez prueba un remate cruzado con la derecha que bloquea el eficiente Enzo Guerrero y la pelota, ya fuera del área, llega a los pies de Felipe Loyola. Lo que viene entonces ocurre en cámara lenta: el centro de Loyola con la izquierda, el cabezazo apurado de Cris Martínez que lanza el balón hacia arriba, en el área chica, un poco a lo que salga porque ya no queda nada, y el nuevo cara a cara de Rodríguez y Guerrero con la historia como testigo. Un creyente podría rezar un padrenuestro con lo que tarda en caer ese balón hacia la posición en que se encuentra el número 15 de Huachipato, una pelota floja que conviene dirigir con precisión porque de fuerza ni hablar: mal conectada sería como cabecear un globo directo a las manos de un arquero de primera división. Rodríguez hace lo que tiene que hacer, avanza dos pasos y le pega sin saltar hacia el lado contrario del meta Nicola Pérez y la devoción de Guerrero por sus colores aporta el resto: el rebote deja sin reacción a Pérez.
Eso de que la pelota a veces no quiere entrar es sólo un mito, sin duda alimentado por perdedores atribulados que fallaron por falta de insistencia o de entusiasmo. El gol de Huachipato contra Ñublense, al menos como teoría, sostiene lo contrario: cuando quiere entrar la pelota entra como sea. No es un milagro; es la consecuencia lógica de una ilusión que se mantiene de pie hasta la última jugada del último partido. Es fácil decirlo, pero así es como se juega al fútbol. Eso que decía Bill Shankly cuando te entran las dudas: si recibes el balón en el área y no sabes qué hacer, échalo dentro del arco y luego debatiremos las opciones.
Después, contra Audax Italiano en la jornada final, Huachipato sólo tuvo que recoger los frutos emocionales del gol de Rodríguez y también del trabajo de todo un año. Es complicado decir quién es el mejor cuando todo se decide por un rebote, pero al equipo de Gustavo Álvarez hay que reconocerle que presentó su candidatura en verde con un arranque espectacular en las primeras fechas y agradecerle finalmente que fuera capaz de mantener el nivel cuando Cobresal se le puso por delante en la disputa de los méritos.
Como Chucky González en la gloriosa campaña del Clausura 2012, Cris Martínez lideró ahora a un grupo de jugadores que supo rebelarse frente al favoritismo de terceros. En esa ocasión fue Manuel Villalobos el que anotó en el minuto 89 el gol que llevó a Huachipato a la definición a penales contra Unión Española. La agonía tiene propiedades digestivas para las que conviene estar preparados. Ya lo sabe Huachipato, nuestro flamante campeón del sur. Ahora tres veces campeón.


