Edison Peña cuenta sus peripecias en la Gran Manzana
Después de salir en TV, lo paraban en todos lados. La Estatua de la Libertad la encontró chica y los hot dogs enteros forre.
Edison Peña desciende de un vehículo en una apartada callecita de Recoleta con cara de mal genio porque cojea, porque está cansado, porque tiene hambre, y porque, como dice la mujer que está a su lado, «siempre tiene cara de mal genio». Acaba de llegar de su viaje a Nueva York donde hizo de todo: cantó un tema de Elvis en un programa de televisión, corrió una maratón con la rodilla hecha añicos y cerró una sesión de Wall Street de un martillazo.
«Fue el viaje más loco que he hecho. Yo ya me estaba mejorando de la arrancadera, pero me volví loco de nuevo», confiesa ya sentado en un sofá y con la pierna mala estirada. Luego argumenta:
«Todo cambió después del programa de (David) Letterman. Al compadre ni lo cachaba, pero en el auto me iban hablando de él y yo me iba derritiendo de miedo. Porque este gallo decían que daba vueltas las entrevistas, que al final te reventaba. Por eso cuando ya iba a salir, estaba re nervioso. Pero me entregué nomás, y conté cosas que me salieron divertidas».
«Bueno, al otro día quedó la cagá . Hueón , no podía caminar porque toda la gente me atajaba para sacarse una foto conmigo. Gringos, latinos, niños. Me saludaban riéndose. La cagaste, te las mandaste en el show, me decían, o algo así. Uno me dijo que quería que me sacara una foto con su hija, pero como la hija no estaba, sacó una foto chica de ella y me la tuve que poner al lado de la cara. En una farmacia un gringo me dijo llorando yo te pago la cuenta, me emocionaste . Y cuando fui al restorán Pomaire (un local chileno), unos locos me atajaron porque querían bailarme una cueca, y lo tuvieron que hacer en el estacionamiento. Con eso te lo digo todo».
«Conocí cualquier gente. Conocí al tipo con más limusinas en Nueva York, que es chileno. Conocí hasta al loco que tenía la llave maestra de las Torres Gemelas. Era un mexicano. Sacaba las llaves y me decía estas llaves salvaron a no sé cuánta gente . Y ese loco da charlas por el mundo. De eso vive. Y periodistas por todos lados. Claro que a cada rato me pedían que cantara. Y yo cantaba, poh».
«Con decirte que no alcancé ni a turistear. La Estatua de la Libertad la vi de lejos y la encontré chica y verde. Me comí un hot dog y lo encontré entero fome. Pero conocí Wall Street, poh loco. Me mandé el martillazo. Y al lado estaba el campeón de esto, la campeona de esto otro, pero me eligieron a mí para agarrar el martillo. Y abajo los periodistas que me decían que hueveara con el martillo y yo hacía que me pegaba en la cabeza. Se reían».
«Pero lo más lindo que viví fue que los gringos mandaran a hacer letreros con mi nombre. Go Edison, decían. ¡Gallos que no me conocen! ¡Con banderas chilenas por todos lados! Eso no lo hace nadie, poh loco. Y me vieron llorando por el dolor que tenía en la pierna y ahí se dieron cuenta que esto no era un show. Porque no me rendí. Yo les robé el corazón a los gringos. Y con el cariño que me tenían allá, hasta quise quedarme».


