El defensor de Unión Española sorprendió a Pía, su novia, en vacaciones
Uno de los jóvenes que más se valorizó en 2024 dice que su papá entrenador, Sebastián,le marca todos los errores, haya ganado o perdido.
A los 21 años, Bastián Roco dice que está viviendo su mejor momento. En todo sentido. Luego de un año para olvidar por su «congelamiento» en Huachipato (ver nota en página 8), el defensor llegó a Unión Española, donde se consolidó como uno de los futbolistas jóvenes de mayor proyección y valor de mercado pese a que en el último tramo del torneo se lesionó. Y, en lo personal, tomó una decisión trascendental: le pidió matrimonio a su polola, Pía Puga, estudiante de administración de empresas, hace pocos días y en un escenario insólito.
«Me arrodillé y le pedí que se casara conmigo en Disneyworld, en el parque del Mundo Mágico, frente al castillo», cuenta Bastián Roco. «Fuimos de vacaciones a Orlando y yo tenía planeado todo, pero no le conté a nadie. Llevaba el anillo y esperé el momento justo. Por suerte me dijo que sí porque, si no, habría sido embarazoso todo (ríe)».
¿Y fijaron fecha?
«No, queremos hacer todos los preparativos con tranquilidad. Puede que sea en 2026 y no el año que viene. Hay que verlo bien».
¿Dónde se conocieron? ¿Ella es futbolera?
«No, es un amor de barrio. La conocí en San Felipe, porque es sobrina de un compañero, de Juan Puga. Estamos hace tiempo juntos y ya era hora de formalizar».
Esta decisión llega en buen momento profesional para usted en Unión Española.
«Sí, me siento contento porque tuve un buen año, pese a que me lesioné. En 2025 espero confirmar todo lo bueno que hice y, por cierto, ayudar a que Unión consiga todos sus objetivos».
Este año fue bastante irregular e incluso cambiaron de entrenador. ¿Notaron que José Luis Sierra les dio más estabilidad que Miguel Ponce? ¿Tiene él mayor claridad de lo que quiere en la cancha?
«La verdad es que, como usted dice, fuimos irregulares. Ganábamos dos partidos y después perdíamos tres. Y eso es responsabilidad nuestra, de los jugadores. El profe Ponce era clarito en lo que quería, pero no éramos capaces de hacerlo en la cancha. El profe Sierra es distinto en cuanto a concepción de juego, pero igual de clarito. Todo pasa por los jugadores, no porque un entrenador tenga una idea u otra».
Usted es hijo de un futbolista conocido, Sebastián Roco, y se podría pensar que usted llegó al fútbol por él. ¿Es así?
«Yo vengo de una familia de futbolistas, con abuelo, tío y papá jugadores. Pero ninguno de ellos me hizo una movida para integrarme al fútbol. Fue mi mamá (Melitssa Melgarejo) la que me llevó a probarme a la Sub 12 de Santiago Wanderers. Y quedé sin pituto. De hecho, en el club se enteraron dos meses después de que mi papá era Sebastián Roco».
¿Pero usted lo tenía a él de modelo? ¿Fue zaguero central también?
«Nada que ver. Yo llegué como delantero, me probé como extremo e hice dos goles. Pero después me hicieron jugar de volante de marca, de 6, y anduve bien. Pero terminé como zaguero central porque llegó el hijo de David Pizarro al equipo y él era 6. Ciertamente, por el físico que tengo ahora, que es parecido al que tenía mi papá cuando jugaba, se puede pensar que yo estaba destinado a ser zaguero central como él. Pero fue porque los profes fueron viendo dónde rendía mejor. Quizás, si me hubiese quedado como extremo, no estaría hoy en el fútbol profesional».
Pero igual debe haber visto jugar a su papá.
«Claro, lo vi jugando en Cobreloa y en Santiago Wanderers. Y como jugadores somos parecidos, pero no iguales. Él era más fuerte, cabeceaba mejor que yo. Yo entro más en juego, él era de pegar puras patadas (disfruta riendo)».
A él le decían La Roca. ¿Cómo le dicen a usted?
«Bastián nomás. Hoy, con la Ley Karin, hay que tener cuidado con los apodos».
Su papá ahora es entrenador. ¿Le aconseja? ¿Le marca los errores?
«Puff, eso sí. No se pierde partido mío y, cuando termina, me llama o me va a ver y me marca todos los errores, haya ganado o perdido».
Exigente con usted.
«Sí, pero está bien. Él tiene la experiencia y hoy también es entrenador así que me ayuda. Además, lo hace como papá, no como si fuera mi técnico».
¿Qué sueños tiene usted como jugador de 21 años? ¿Llegar a un equipo grande? ¿Irse a Europa?
«Ya estoy en un equipo grande, porque Unión Española lo es. No me compro el cuento de que debo ir a otro equipo para considerar que juego en un grande. Y quiero ganar mucho con Unión antes de partir. ¿Europa? Se dará si hago las cosas bien. No tengo objetivos de ir a una liga en específico. Estoy viviendo una etapa de consolidación y eso es lo que me tiene ocupado por ahora».


