El papá extremo de Cote López: «No quiero tirarles migas a las palomas»

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Tiene 53 años y se llama Gonzalo, es instructor de parapente, vuela avionetas y practicó motrocross

En sociedad con su yerno, Luis Jiménez, tiene la empresa 1000 Aventuras. «Volar es filete», asegura el hombrón.

Pablo Avilés

Gonzalo López era un adolescente en Curicó. Cursaba la media y uno de sus compañeros de curso tenía avionetas en casa, propiedad de la familia. «Nosotros con 13, 14 años salíamos a volar solos. Y era común que este compañero nos entregara el mando a varios en el curso. Ahí aprendí y luego, años más tarde, me tuve que certificar», dice Gonzalo, de 53 años, y papá de Cote López.

Por estos días está instalado en Ritoque, donde se preocupa de que su empresa en sociedad con Luis «Mago» Jiménez, 1000 Aventuras, opere sin problemas. El principal servicio que ofrecen es el vuelo en paramotor (parapente con motor), donde el propio Gonzalo es el piloto e instructor. «Cobramos 35 mil pesos. Son 20 minutos y entregamos videos. Sobrevolamos la costa de Concón y Reñaca. Aquí tienes un trip de 16 kilómetros. Volar es filete, viejo», asegura.

-¿Ha volado con toda la familia?

-Claro, todos aprovechan. Cuando uno hace un vuelo comercial trata de que el pasajero disfrute, que nunca sienta pánico. Ahora si alguien de mi familia quiere pánico, se lo doy.

-¿Cómo es eso?

-En esto puedes dejar a alguien rezando. Basta que le hagas un par de acrobacias en que le quitas la seguridad. Lo que pasa es que vas con el poto en la silla y como que te lo envuelve, pero con la acrobacia a veces quedas fracciones de segundo sin sustentación y ahí se acaban los valientes.

Gonzalo llegó a los parapentes tras ser piloto profesional de motocross y luego de dejar de lado las avionetas. «El parapente lo conocí más tarde, después de haber hecho un par de locuras en avionetas».

-¿Qué locuras?

-Las típicas, como pasar por debajo de los puentes. No me dejaron seguir volando.

Después de eso, en el 2004, en un viaje por Europa, se familiarizó con los parapentes. Hoy tiene tres certificaciones. «Las de instructor de ULM en versión vuelo libre, motorizado y motorizado terrestre», advierte el ingeniero civil, quien comenta que sus tres hijos le salieron aventureros, en especial María José: «La Cote no tiene el chip del miedo, de hecho me preocupa porque no la tengo a la vista. Condimenta el salto con un grito, pero la hace igual».

La foto que ilustra esta nota fue subida por María José en su Instagram. «Con mi daddy después de haber volado. Nada mejor. Love you mi chalaito», escribió. De vuelta recibió comentarios por la onda juvenil de su papá. «Las expectativas de vida han cambiado. A los 50 se está mucho más seguro de la vida que se quiere llevar, se es mucho más libre. Se ve en un maratón donde hay mucha gente de 40 y 50 años. Hay mejor calidad de vida y el deporte tiene que ver con eso. Te sientes más seguro de ti mismo y hay menos pudor», explica la sicóloga de la Universidad Mayor, Dominique Karaharian.

¿Qué dice Gonzalo? «Puedo tener hartos años, pero no quiero ser un viejo cu…. No quiero ser de los viejos que hablan solos en las cola del supermercado, ni tirarles migas a las palomas».

«A los 50 se está mucho más seguro de la vida que se quiere llevar»
Dominique Karaharian, sicóloga

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