A pesar del alza evidente en su rendimiento, le siguen enrostrando las pelotas que pierde: los pases interceptados, las piruetas sin destino y las maniobras que nadie más entendió.
No es ningún misterio, en realidad: el denominado jugador distinto en el fútbol es el que hace cosas distintas y lo distinto radica casi siempre en abrir espacios, limpiar jugadas y generar ocasiones de peligro donde otros sólo fracasan en el intento. Sin ir más lejos, Carlos Palacios es el jugador distinto de Colo Colo, pero a veces es tan distinto que aquello que lo distingue en ocasiones lo hace quedar ante los ojos del hincha termocéfalo o del comentarista de resultados como un crack displicente y aparentemente desatento a las exigencias del juego, cuando no extraviado entre las condiciones en que se realiza el desafío.
Es el karma de ser distinto lo que atrapa a Palacios: para serlo hay que fallar muchas veces hasta que sale una jugada, y a veces una sola, que hace la diferencia. Si esa inspiración repentina no encuentra a un compañero despierto que aproveche la puerta que lleva al gol, el jugador distinto corre el riesgo de que su cuota de éxito se esfume del partido, del campeonato o incluso de toda su carrera. La incomprensión es el precio que pagan los distintos por sus creaciones que pocos esperan y muchos menos entienden.
De ahí las críticas recientes a Carlos Palacios en Colo Colo. A pesar del alza evidente en su rendimiento, le siguen enrostrando las pelotas que pierde: los pases interceptados, las piruetas sin destino y las maniobras que nadie más entendió. Como si los balones que le resultan no contaran en el abusivo análisis de la estadística. En el triunfo contra Junior de Barranquilla, por la Copa Libertadores, Carlos Palacios no fue el mejor jugador de Colo Colo, porque ese mérito se lo adjudicó Vicente Pizarro, pero sí fue el jugador distinto. No sólo por las cuatro pelotas que filtró sobre la última línea defensiva de los colombianos, que tienen valor en sí mismas y precio por separado, entre ellas la que terminó en el gol de Pizarro. Esta vez además de distinto fue útil, al mantener ocupado y la mayor parte del tiempo en su propio terreno a todo el mediocampo rival.
Aquí sumamos el peligro conjetural como un elemento que también cumple un objetivo, si admitimos las variables de la Teoría de los Juegos. Saber que el jugador distinto puede hacer daño en cualquier momento influye decisivamente en el ánimo y la manera en que el adversario se defiende. Junior se Barranquilla se metió más atrás de lo que le convenía frente a Colo Colo. Un balón que puede salir bien jugado en distintas direcciones, todas posibles simultáneamente, es lo que diferencia hoy a Carlos Palacios de la mayoría. Esto no quiere decir que sea perfecto; sólo significa que es distinto y que por cada acierto puede terminar fallando hasta el límite de lo razonable.


