La muchacha es cinco años mayor que el niño símbolo de la tragedia
Se conocieron en el colegio de Iloca cuando ella lo ayudaba con las lecciones. Lo encontraba muy pesado, dice.
Ni Víctor ni Susana se habían decidido entrar a lo que queda del colegio de Iloca después del tsunami. Lo habían visto por fuera porque es inevitable. Está al borde de la avenida principal y a simple vista se pueden ver las ventanas pulverizadas, las puertas arrancadas de cuajo y la arena acumulada en el piso. Pero ingresar a una de las salas de clases es otra cosa.
-Esta era mi sala, mira cómo quedó-, se lamenta Víctor, mientras ve el montón de cuadernos esparcidos, el libro de clases todo sucio y el borrador también tirado por ahí cerca.
-¿Qué pasó con el escritorio que estaba aquí?- le pregunta a Susana.
-Adivina, poh- responde ella con cierta parquedad.
Víctor se mira las manos y se queda pensando, como tratando de averiguar qué hizo enojar a la niña: «Oye, Susana, ahora que estoy famoso me han regalado cosas. Me regalaron un computador, unas mochilas y a mi papá le regalaron un bote. Y si tú ahora te hacís famosa, te pueden regalar alguna cosa también».
Entonces Susana sonríe, como tantas veces lo hizo con las travesuras de aquel mocoso. «No creo», le dice.
Víctor Díaz tiene nueve años, pasó a tercero básico y le regalaron un PC y a su papá un bote porque cierta vez le preguntaron en la tele qué necesitaban los damnificados de Iloca. Respondió que zafradas (en vez de frazadas). Desde entonces quedó como el Zafrada y se convirtió en la cara tierna de la tragedia nacional. Le llovieron las entrevistas.
En una de ellas dijo que los tarallines que le daban en el colegio estaban medios malos, «todos pegados», y en otra dijo que necesitaban un bombín para inflar los colchones. Quizás la más emblemática fue la que Felipe Camiroaga le hizo en el «Buenos días a todos», donde le preguntó si le gustaba alguna niña de por ahí. Zafrada le respondió que sí, una que se llamaba Susana. Por qué, le preguntó el animador. «Porque tiene buen hablamiento».
Susana Sandoval tiene 13 años, pasó a octavo básico en el Liceo de Licantén, y cuando escuchó la famosa frase aquella se puso colorada como tomate. «Yo estaba en Santiago en la casa de unos tíos y le dije a mi mamá te apuesto que dice que le gusta la Araceli. Pero no, me nombró a mí. Desde entonces que mis tíos y mis amigos me molestan con lo del hablamiento», dice Susana con un hablamiento correcto.
«A Víctor lo conocí aquí, en el colegio. Yo estaba en sexto y él en primero y a veces me pedían, cuando me desocupaba, que les leyera a los niños más chicos. Yo les leía a una niña y a él. Pero a Víctor lo encontraba muy pesado. Siempre andaba pegándole a los demás y me andaba buscando para que viera las maldades que hacía. Entonces yo me enojaba y le decía ya, cabréate, no te voy a leer más . También nos pasaba persiguiendo con sus amigos para jugar con nosotras, pero nos arrancábamos porque después les pasaba algo y nos castigaban. Después me cayó mejor, cuando me fui al liceo».
Susana dice que jamás se le pasó por la cabeza que ella podría ser el amor platónico de un niñito casi cinco años menor que ella, a pesar que varias compañeras le dijeron ese niño anda detrás de ti . «Nooo, no puede ser , decía yo, pero si es muy pesado. Aunque mi mamá me dice que esa era su forma de llamar la atención. Después se puso más tranquilo, cuando iba a estudiar a la casa del hermano del mejor amigo de él. Si necesitábamos algo, Víctor se ofrecía a buscarlo», dice Susana. «Lo que nunca entendí fue eso del buen hablamiento».
-Es que cuando ella cantaba, le salía bien hablado lo cantado- explica el niño, no dirigiéndose a ella.
-Jajajá, yo jamás he cantado.
Susana y Zafrada salen de la sala y se despiden en la puerta del colegio. A Zafrada lo habían invitado de un canal de televisión para otra entrevista.
-Acuérdate de lo que te dije Susana, de repente te dan alguna cosa- insiste el niño.
Susana vuelve a sonreír.
-La docente los tuvo a ambos como alumnos
La tía Juana, la profe que vio nacer el amor
Juana Reyes, la tía Juana, ha sido la profesora de básica de medio Iloca, si es que no de la mayoría. Lleva 36 años haciendo clases en el Colegio local y cuando fue a ver cómo había quedado el establecimiento después del tsunami, casi se puso a llorar.
«Estaba todo revuelto, se había perdido todo. Pero fíjate qué cosa más extraña: con lo primero que me topé en el suelo fue con un cuaderno verde de Víctor (Zafrada) que usábamos en las clases. Lo encuentro hasta simbólico», dice.
Por supuesto, la tía Juana fue profesora tanto de Susana como de Zafrada. Eran muy distintos, cuenta.
«A Susana la tuve en primero y segundo. Ella es una buena alumna, y era muy famosa porque le iba muy bien en las competencias de atletismo. Siempre salía de las primeras. Y también bailaba muy bonito cueca. Quizás por ese aspecto de líder que tenía, de destacarse siempre, fue lo que le llamó la atención a Víctor, que dijo que le gustaba. Quién sabe».
Zafrada, en cambio, es de aquellos alumnos que las cosas «les cuesta un poco más». «Pero es muy esforzado. Cuando le decía Víctor, quedémonos un poquito más, él se quedaba sin problemas y entonces le hacía un poquito de reforzamiento. Jamás me regañó o algo parecido. De hecho él mismo me decía después de clases, tía, ¿me puedo quedar un poco más? Siempre tenía muchas ganas de aprender».
-«Era muy pesado. Aunque mi mamá me dice que esa era su forma de llamar la atención»
Susana Sandoval
-El camino a la fama
8 de marzo. Lo entrevistan en un portal. «Nadie se mete a internet», dice él. Al rato tiene un grupo de apoyo en Facebook.
15 de marzo. Visita el programa «¿Sabes más que un niño de 5° Básico?» y Lucho Jara lo emociona al regalarle una casa. Éxito en la TV.
16 de marzo. Aparece en el matinal «Buenos días a todos» de TVN. En esta ocasión el pequeño recibe un computador.
19 de marzo: El grupo «Desafío levantemos Chile» le obsequió una escuela modular. Mañana comienzan las clases para él y otros 150 niños.
-Susana ahora vive en una mediagua
«Todavía me da miedo el mar»
Susana Sandoval, la amiga platónica de Víctor, vive en una mediagua de «Un techo para Chile». Su casa fue arrasada por el tsunami, así como la de su abuelo, que vivía al lado. Aquella madrugada fue todo muy caótico y tremendo. Inmediatamente después del terremoto, su madre, que hacía pocos días había parido por cesárea a su hermanita, le dijo que ayudara a su abuelo, que tiene un pie amputado, para arrancar a los cerros. Todavía corrían cuando escucharon a sus espaldas el crujir de las maderas explotando, como si fuesen trituradas por una máquina gigante.
«A la mañana mi papá fue a ver qué había quedado. Regresó llorando y diciendo lo perdimos todo, tenemos que empezar de nuevo. Me da pena cómo algo que le costó tanto se terminara en un par de minutos. Yo fui a ver la casa hace poco nomás. No me atrevía. Todavía me da miedo. Ahora el mar está tranquilo, pero siento que en cualquier momento se puede salir», cuenta la niña.


