Su vida en México y su trabajo en Arsmate mantuvieron alejada a la comunicadora de su clan
Su radicación en el extranjero casi coincidió con haberse convertido en generadora de contenido exclusivo para adultos. Hubo un distanciamiento natural por mis elecciones de trabajo y por estar en otro país, cuenta.
La llamada telefónica que empezó a cambiar las cosas para Camila Nash (38) ocurrió el 2 de diciembre. Desde su domicilio en Ciudad de México, la comunicadora y generadora de contenido en Arsmate contactó entonces a don Bernardo Nash, su abuelo, quien estaba celebrando su cumpleaños en Coyhaique, Región de Aysén. «Me dijo que estaba súper orgulloso de mí, que me quería mucho, que me extrañaba y que los pasajes estaban disponibles cuando yo quisiera», cuenta ella, recordando que desde que se instaló en el país norteamericano no había regresado a Chile en dos años.¿Por qué no había venido?
«Obviamente hubo un distanciamiento familiar porque yo me fui a México. Pienso también que el tema de hacer contenido exclusivo (en Arsmate) pudo haberme alejado un poco. Quizás yo misma fue la que se alejó, porque mi familia es más reservada y es tradicional en cuanto a los estudios. Entonces, hubo un distanciamiento natural por mis elecciones de trabajo y por estar en otro país».
Gracias a la invitación de su abuelo, el retorno a Chile de la recordada participante de programas como «Calle 7», «Pelotón» y «Año cero» se produjo el último 1 de abril. «Mi mamá (Leslie Nash) me fue a buscar al aeropuerto, así que ahí fue nuestro primer reencuentro, nos abrazamos, nos dimos un beso. Me puse muy feliz, tenía ganas de abrazarla, de sentir a la mamá», recuerda Camila, cuya primera comida en su regreso fue un churrasco italiano en marraqueta. «Luego nos fuimos a quedar a un hotel y compartimos. Ahí nos pudimos poner al día, copuchamos, tuvimos un momento de intimidad madre-hija», continúa.
¿Su mamá estaba enojada con usted?
«Toda relación a veces tiene sus complejidades y nosotras hemos tenido bastantes diferencias porque somos distintas. Pero lo importante ahora para mí es habernos reencontrado y estar ahí la una para la otra. Hay veces en la vida que es sano tomar distancias».
En Viña del Mar, Camila además volvió a ver a sus hermanos gemelos Germán y Alberto (de 35 años). «Con los que mantuve siempre un contacto muy cercano fue con ellos. Tengo una hermandad con ellos especial. Siempre estamos juntos, siempre nos cuidamos, ellos para mí lo son todo, son mi equipo principal, siempre se los he dicho. Nunca nos hemos cuestionado mucho lo que hace el uno con el otro, son mis hermanos chicos, pero a veces parecen mis hermanos grandes».
Se oye contenta, Camila.
«Es que fue súper lindo encontrarme con todos, con mi familia, yo igual los extrañaba. No sabía cuánto los extrañaba hasta que estuve acá».
En estos días, Camila sostiene que también ha visto a sus tías, a una sobrina y a muchos amigos. «Volví a sentir ese amor incondicional que entrega la familia. Uno puede estar en otro país, en la lucha, tienes que sobrevivir y llegar a la casa familiar es lo máximo. Verlos a todos me encantó, fue muy lindo el reencuentro».
¿Y ya vio a su abuelo?
«Aún no, ya hemos hablado por teléfono, estoy bien ansiosa de hacerlo. Pero gracias a él, todo esto pasó. Me emociono mucho, porque de verdad sí quería venir. Agradezco mucho ese empujoncito que me dio para venir y así encontrarme con todos».
La llamada generó el reencuentro.
«Claro, estoy súper agradecida de eso. Gracias a eso surgió la alternativa de venir. Es interpretación mía porque nunca me lo han dicho, pero sentía que mi familia quizás se resistía un poco a mi fuente laboral, por así decirlo. Sé que a ellos les hubiera gustado otra cosa para mí, pero cuando esperaba cuestionamientos al hablar con mi abuelo, recibí puro amor. Fue una sorpresa linda. Él me mostró amor incondicional. Me tocó el corazoncito. Él podía ser el que más se complicara, pero se mostró abierto para mí».
¿Viaje de sanación?
«Así lo veo yo, veo que vine a cerrar esta historia un poco… me faltaba venir para acá, estar con mi familia, abrazarnos y darnos cuenta de que nos queremos. Más allá de que todos tomemos decisiones distintas en la vida».
¿Qué reflexión hace de todo esto?
«Agradezco mucho que me amen, aún siendo que yo no sigo ningún patrón de conducta de la familia. Yo me expongo, hablo con la prensa, me imagino lo difícil que debe ser para ellos esta situación conmigo, soy un poco la oveja negra. Siento que hoy hay un reconocimiento para ellos de que yo soy muy distinta, y que pese a eso igual me quieren. Todo eso lo siento gracias a este viaje».


