En el remake hecho por Mega se ocupan para dar más realismo a la época
Óscar Fuentes, director de fotografía, se basó en lo hecho para la cinta Barry Lyndon, de Stanley Kubrick.
No sólo el vestuario, peinado, maquillaje y escenografía son los ítems que el remake de «El señor de La Querencia» ha tenido muy presentes en el área dramática de Mega para la realización de la trama de época que realizó TVN hace 16 años. Para darle un toque aún más realista a la ficción es que las escenas se están grabando a la luz de las velas, como antaño.
«La teleserie se sitúa en 1920 en un espacio rural donde el flujo eléctrico aún era difícil de obtener para las viviendas y es la realidad que queremos transmitir. El desafío se puso creativo e intenso. Optamos por diseñar nosotros las velas, artesanalmente: compramos los ladrillos de cera, los derretimos y comenzamos a crear tipos de moldes con latas de bebidas y plásticos. El pabilo, o mecha de la vela, es trenzada. Experimentamos con distintos tipos hasta que encontramos uno que generaba una luz intensa, con presencia y visibilidad, que es uno trenzado de cuatro hilos. La diferencia es, al menos, tres veces más de luz que una vela normal y duran varias horas», detalla Óscar Fuentes, director de fotografía de Megamedia, quien ya ha trabajado en otros proyectos de época como «Hijos del desierto» y «Perdona nuestros pecados».
¿Cuántas velas están usando ahora?
«El cálculo aproximado son 200 velas semanales para los sets. Si una unidad no está grabando se pone a hacer velas o si se suspende una jornada o los sábados no grabamos, también, esto para tener stock. Las velas son toscas, gruesas y tienen un dejo de época. Hemos dejado en las escenas el rastro cuando se derriten. Hemos tenido grabaciones con lluvia y la vela se ha portado increíble, la mecha permite buen movimiento de éstas y rara vez se nos apaga una. Están siendo ocupadas en todos los sets donde ocurra noche. También diseñamos chonchones (aparatos con una mecha que se enciende y que se usaban como lámparas portátiles), que funcionan con combustible y también dan amplia visibilidad».
Fuentes admite que miró «muchas series que se sitúan en la época y me di cuenta que el común denominador es la presencia de una luz de velas dominante» y varias veces «Barry Lyndon», película de Stanley Kubrick de 1975, ambientada en el siglo XVIII, donde se usaron velas para iluminar interiores apoyados de luz artificial desde las ventanas.
El trabajo de John Alcott (director de fotografía) para ese filme le valió un Oscar a Mejor Fotografía. «Barry Lyndon es el caso más iconográfico, sin duda. Ellos hicieron una óptica muy luminosa para trabajar con velas y nosotros imitamos un poco eso. En nuestro caso la luz de exterior por las ventanas no tiene tanto dominio, pues nos apoyamos rebotando luz artificial en superficie blanca y cada vez que nos toca escenas de noche filtramos (poniendo placas amarillas a los focos) para que sea mucho más cálida pero el 80% de la visibilidad es de velas», revela. Sobre el uso de lentes especiales en las cámaras, acota que no han sido necesarios, pues «no hemos tenido que forzar a lente completamente abierto porque la luz se percibe natural por la alta presencia de velas».
¿Los fondos en las escenas también son iluminados por velas?
«Intentamos que las velas sean súper protagónicas haciendo que también iluminen el fondo de las escenas, así como los primeros planos.». Y al igual que «Barry Lyndon», también se usa como recurso que los personajes tengan como elemento las velas. «Desde el espacio social hemos configurado luz a través de los personajes como los chonchones para los empleados y para los inquilinos, y candelabros preciosos para los acaudalados como José Luis (Echeñique, el protagonista interpretado por Gabriel Cañas) y Leonor (María Gracia Omegna)», cierra.


