Factores climáticos han obligado a hacerle un rejuvenecimiento
A sí como el estadio Maracaná o las playas de Copacabana, el Cristo Redentor erigido sobre el cerro Corcovado es uno de los símbolos que inflan de orgullo a los habitantes de Rio de Janeiro. Y más aún desde el 7 de julio de 2007, cuando fue nombrado como una de las «Siete maravillas del mundo moderno».
El fervor religioso de los brasileños y los flashes de los turistas para retratarlo no paran ni un día. Ni siquiera ahora, momento en el que se encuentra sometido a una operación de enchulamiento, obligado por factores climáticos relacionados con la lluvia y la erosión que genera el viento.
«El monumento está expuesto las 24 horas, a 710 metros de altura, lo que hace que el desgaste sea mucho mayor», señaló el sacerdote Omar Raposo, director del santuario que mide 38 metros y que fue inaugurado en 1931.
Desde el 8 de marzo, la estatua se encuentra cubierta por un gran armatoste que permite a los obreros reparar las zonas más afectadas por el paso del tiempo, que son las manos y el rostro. Además, se trabaja en un sistema de impermeabilización, en la recuperación de la capilla que está a sus pies y la instalación de cámaras para transmitir eventos. Todo con un costo de 7 millones de reales, más de dos mil millones de pesos.
Para Raposo, la demanda al Redentor es «monstruosa» y hacía necesaria la inversión. «La obra se hará por partes, para que no haya limitación en el flujo de turistas al lugar», agregó con la idea de no perder las recaudaciones de las visitas, pues subir al Corcovado tiene su precio: unos 10.500 pesos en tren y 14.500 en bus.
«La estatua está en lo alto, con los brazos abiertos, y nosotros queremos asumir esa misma postura para con los visitantes», sentenció el religioso.


