Con un lenguaje muy cuidado y diestros argumentos trató de explicar los nuevos seis ataques que se le imputan y, además, pidió ayuda.
Hace dos años Jesús López se describía en Facebook como un chico honesto que adora fotografiarse. «Me conocerán feliz y así me verán siempre», decía en su perfil. Pero ayer toda expresión de juventud se había ido de su rostro. Serio y frío, vestido con una camisa blanca y un chaleco de terno, enfrentó al Tercer Tribunal Oral.El escenario no era fácil en el primer día del juicio en su contra. Jesús arriesga 40 años de cárcel, ya que lo acusan de haber abusado de tres menores, violado a una y asaltado a otras dos en la comuna de Las Condes.
Sin embargo, con una frialdad impresionante, Jesús comenzó a narrar su versión, admitiendo cinco de los seis ataques. Siempre mostrando un lenguaje en extremo cuidado y pulcro. «Al principio eran robos en supermercados, pero ya no me generaban la sensación de satisfacción como antes y comencé a incursionar en delitos más graves, de tipo sexual», explicó.
El joven, que guardaba los celulares que robaba a sus víctimas en una caja de zapatos, no tuvo problemas en contar que el 2007 fue condenado en otro juicio por un abuso sexual en Quilicura y que le concedieron el beneficio de la libertad vigilada.
Jesús precisó que tras ese caso su familia se mudó a Las Condes, por «protección personal y por alejarme, si es que el ambiente era el foco generativo de mis actos».
Pero mientras iba a terapia comenzó a atacar, a solo cuadras de su nuevo hogar en avenida Kennedy.
«Lo que me motivaba básicamente era la adrenalina, la sensación de que podía infringir la ley y de que no me pillaban», argumentó, al definir sus intenciones.
Cuando su propio abogado le hizo notar la frialdad de sus dichos, Jesús contestó al borde del llanto, mientras sus padres lo oían al final de la sala. «Es difícil decir todo lo que he hecho, pero si he tratado de mantenerme firme es porque hay una intención de colaborar. Sé que lo que hice estuvo mal, y privado de libertad lo he vivido mayormente. He aprendido que es un problema, que si no recibo ayuda, el día de mañana puede pasar lo mismo. No solo necesito una condena, necesito también ayuda», pidió.


