«En Ñublense nunca estuve grato, aguanté harto, pero tengo un límite»

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Hernán Caputto habla de su difícil estada de tres meses en Chillán

El DT espera relanzar pronto su carrera, pero para dirigir sólo equipos profesionales. Mi ciclo en las series menores terminó. Presenté un proyecto en la ANFP para estructurar un trabajo de selecciones y ni me pescaron, cuenta.

En una cafetería con sabores argentinos, Hernán Caputto (49) vive hoy su período de cesantía como DT. En ese lugar, de pocas mesas y con facturas de todo tipo, el entrenador nacionalizado chileno se junta varias veces a la semana con los integrantes de su cuerpo técnico para estar preparados en caso de que surja una oferta para volver a trabajar.

Usted estuvo tres meses en Ñublense y salió enojado con todos. ¿Qué pasó ahí?

«La verdad es que mi salida del club fue conversada porque si bien cumplimos el objetivo de salvar a Ñublense de descender, no estaban las condiciones para quedarme más tiempo».

¿Sintió hostigamiento, mala onda de los hinchas?

«A decir verdad, en Ñublense nunca estuve grato, aguanté harto, soy un tipo que tiene mucha paciencia, pero también tengo un límite y fue rebasado».

¿Tuvo que ver eso con el apoyo que tenía el anterior DT, Jaime García?

«Sin duda que un sector de la prensa y de la hinchada me hizo sentir desde mi llegada que Jaime era su ídolo. Pero si lo cesaron y me fueron a buscar a mí es porque él no estaba cumpliendo los objetivos del club y eso debieron entenderlo».

Usted tuvo palabras duras con García. Dio a entender que salía a tomar con los jugadores. ¿Se arrepiente de eso?

«No debía haber reaccionado de esa forma luego de que un grupo de hinchas me fuera a increpar luego del increíble partido que perdimos con Huachipato. Yo hice al otro día una declaración por las redes sociales y ahí quedó claro lo que le estoy diciendo?»

También la prensa de Chillán insinuaba que usted había llegado al club porque era amigo y representado por el presidente, Sergio Gioino?

«Está claro que mucha gente en Chillán está en contra de los controladores del club. Pero en este caso debo aclarar que no soy amigo de Sergio -fuimos compañeros en Provincial Osorno y nos respetamos- y él no es mi representante porque lo es Sergio Morales y él me llevó a Ñublense».

¿Es tan necesario que un DT tenga un representante? ¿No genera suspicacia que un entrenador sea manejado por la misma persona que maneja futbolistas de su plantel?

«Sin representante, un entrenador no tiene posibilidades de trabajo. Así de simple. Yo recién ahora tengo a Morales y me arrepiento de no haberlo tenido cuando dirigí a Universidad de Chile porque me desgasté de más con los dirigentes para hacer mi contrato. Yo digo abiertamente que me representa Sergio Morales y si voy a un equipo y me trae a jugadores que yo pido, perfecto. Pero si me los trae Fernando Felicevich, igual lo agradezco».

¿Su representante lo está moviendo como opción para dirigir en algún club?

«Tengo claro que todos los equipos ya tienen entrenador y que mi opción está en esperar alguna oportunidad con el torneo en marcha».

¿Está viendo opciones a nivel de trabajo de menores, que ha sido su especialidad?

«La verdad es que no. Ahora sólo quiero dirigir a nivel profesional, que en el caso de Chile sería en un club de Primera División o del Ascenso».

¿Esa es una decisión generada por una motivación monetaria?

«Es obvio que cualquier profesional siempre quiere ganar más. No lo voy a negar. Pero mi decisión no tiene que ver con deseo de valoración económica, sino que también profesional».

Usted estaba dirigiendo las selecciones menores y renunció antes de irse a Ñublense. ¿Fue porque no se sintió valorado como profesional?

«Yo soy poco dado a tirar mis logros a la mesa, pero a veces hay que hacerlo para explicar situaciones. Junto al fallecido José Sulantay, soy el único entrenador que clasificó a Chile a dos mundiales seguidos. Y soy el único que clasificó a Chile a tres hexagonales finales sudamericanos. Tenía la idea de que eso sería valorado, pero no fue así?»

¿Por parte de la Federación?

«Claro. Cuando Francis Cagigao me pidió volver, la idea era hacer un plan para el trabajo de todas las selecciones menores. Yo presenté dos proyectos, pero ni los pescaron en la Federación. Y de repente se anunció la contratación de Nicolás Córdova. No quedaba otra que tomar mis cosas e irme».

¿Francis Cagigao dejó algo en el fútbol chileno o fue puro gastadero de plata?

«El problema fue que él tuvo que consumir mucho esfuerzo en la selección adulta y eso lo alejó de su expertis que era la planificación macro. Yo de él destaco y aprendí a tener un ojo mejor entrenado para captar qué jugadores pueden ser de elite. Él fue el que detectó a Darío Osorio cuando estaba en la mira de las selecciones menores y siempre dijo que había que apurar su proceso porque se iría a Europa muy joven. Y acertó».

Usted cortó también un proceso: el de las series menores de la U por aceptar dirigir el primer equipo. ¿No fue una mala decisión?

«No me arrepiento, porque yo me sentí capacitado para dirigir al primer equipo. Y los dirigentes pensaron lo mismo. Si ellos hubiesen sentido que yo debía quedarme en las series menores, no debieron pedirme ir al primer equipo. El problema es de principios y es evidente que la U no ha encontrado la ruta del trabajo del fútbol joven desde mi salida».

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