La corrupción, más allá de la seguridad, es una de las principales preocupaciones de los chilenos. Así lo demuestra el informe N° 44 de «Claves Ipsos», que encuestó a 1.000 personas, mayores de 18 años, de nacionalidad chilena, sobre temas de interés nacional. El 72% de las personas encuestadas considera que la corrupción es alta en Chile y, si bien el 70% cree que los aspirantes a La Moneda otorgan relevancia a las estrategias anticorrupción; más de la mitad (57%) estima que la importancia asignada no es suficiente.
El 39% de las personas piensa que José Antonio Kast es quien ha presentado mayores propuestas asociadas al combate contra la corrupción; le sigue con 28% Jeannette Jara, mientras que Johannes Kaiser obtiene 26%; Evelyn Matthei obtiene 25%. Le sigue Franco Parisi con 22%, Marco Enríquez-Ominami con 10%, Harold Mayne-Nicholls con 10% y Eduardo Artés con 4%. «No obstante, prima la desconfianza sobre el cumplimiento real de estas promesas en todos los candidatos presidenciales», sostiene el informe.
Los peor evaluados
Las instituciones más asociadas a corrupción son los partido políticos con 76%, el Congreso con 69% y los tribunales de justicia con 64%. Según Alejandra Ojeda Mayorga, directora de Estudios Públicos de Ipsos Chile, «si hay una gran conclusión que nos arroja este estudio es que tenemos una sensación de corrupción instalada en el país, muy importante a nivel de la opinión ciudadana, que se condice, o no, con el comportamiento efectivo tanto de líderes como de instituciones públicas y privadas».
«Hay una sensación instalada de que, en medio de una campaña, es factible proponer muchas cosas que no necesariamente después se van a cumplir», dice la socióloga, profesora de la Universidad de Chile. En este sentido, añade que: «La mitad de las personas, incluso más en algunos casos, desconfía de las promesas y de las propuestas que están haciendo todos los presidenciables en materia de transparencia y de probidad, instalándolas, en este momento, solo desde el mero discurso y no como una posibilidad real de persecución de la corrupción a futuro en caso de llegar a gobernar», sostiene.
Impunidad
«En el país venimos desde hace más de una década conociendo distintos casos de corrupción, de fraude o de comportamientos que no son probos, tanto en instituciones públicas como privadas. Principalmente, el elemento que más ha mermado la confianza ciudadana son las bajas penas o la sensación de impunidad, reforzando la idea de que se puede tener este tipo de comportamientos y que nada va a pasar. Esto es tremendamente problemático», acota la socióloga.
Ojeda advierte que «el 50 % de las personas, según la encuesta, desconfía de las instituciones que tienen que prevenir, investigar y perseguir la corrupción en Chile, porque muchas veces se ha instalado la sensación de que las sanciones son nulas para las instituciones o personas involucradas».
Entonces, la gente votará por un candidato teniendo claro que no cumplirá todo lo que promete.
«No tengo datos para confirmar efectivamente la relación entre esta desconfianza y votar o no por alguno de los candidatos, pero sí que hay una desconfianza completa hacia la clase política, las propuestas y los compromisos que adquieren, y la real posibilidad de concretarlos, independiente de la posición política. Es una crisis de confianza muy importante de las instituciones, pero que se agudiza más con todas aquellas personas u organizaciones que forman parte del sistema político».
Se refiere en estos términos tanto a un abanderado oficialista como de oposición.
«Exacto. Hay una desconfianza completa hacia la clase política y eso es muy preocupante, tanto para las elecciones como para la existencia de las diferentes instituciones, como el Congreso y los partidos. Son elementos básicos para la existencia de la democracia, y aquí ha habido mucha irresponsabilidad también en términos de los mensajes que se dicen públicamente para tratar de sacar alguna ganancia política. Pareciera ser que la clase política, en general, no es capaz de darse cuenta de que, con ataques, muchas veces infundados, otras veces no, le hacen daño a la confianza a todo el sistema político y a las instituciones que lo conforman».