Principalmente involucran a los progenitores separados que quieren reconectar con los hijos
La estrategia es atenuar el abismo entre padre y madre para que los menores no salgan dañados por los conflictos y los roces.
La separación de parejas con hijos significa una instancia dolorosa y difícil de llevar que, si no se logra manejar adecuadamente, puede generar un espiral de acontecimientos incómodos para el entorno familiar. En este contexto, la terapia de revinculación puede jugar un papel relevante en el proceso de restañar estas heridas que afectan sobre todo a los menores involucrados.
«Cuando no logran enfrentarlo y se enfrascan en peleas eternas y/o con escaladas se genera finalmente un daño a los hijos. Eso se llama divorcio destructivo», apunta Marcela Flores, psicóloga, terapeuta y académica de la Universidad del Desarrollo.
Añade que suele requerirse apoyo profesional «cuando las parejas no logran poner por delante el bien superior del niño o la niña y estos pasan a ser moneda de cambio para intereses de los padres o municiones para la guerra en la que están los padres. Cuando unos de los padres ha quedado distanciado de los hijos producto de la separación es necesario contar con ayuda profesional para retomar el vínculo que se ha interrumpido o dañado».
Abuelos y tíos
La terapia de revinculación no siempre es entre progenitores e hijos, también involucra a otros familiares como abuelos o tíos. «Ingresa todo el grupo familiar, se trabaja con los padres, quienes tienen que desarrollar la coparentalidad para que se puedan comunicar de manera respetuosa en función del hijo en común. Nosotros tenemos que lograr que se comuniquen y se alineen en un estilo de crianza parecido, que no tengan reglas distintas, porque ahí surgen los conflictos», dice Claudia Ojeda, directora del centro Neofam, especializado en trabajar con casos derivados de los tribunales de familia.
Cuando se trata de un padre o una madre que busca restaurar el vínculo, la terapia comienza con sesiones presenciales en que la preocupación principal es el menor. «Lo primero que hacemos es un diagnóstico sobre el origen de este quiebre vincular», apunta Paula Barrientos, psicóloga de Neofam.
El siguiente paso es saber cómo están los padres, quienes por separado y en día distintos comparecen con las terapeutas. El objetivo, a estas alturas, es restablecer la comunicación de la expareja y después de ese diagnóstico se aplican diversas estrategias facilitadoras para restañar lo malogrado.
Por ejemplo, el padre le escribe una carta al hijo dándole un mensaje sobre su sentir en el momento; mientras que el menor puede hacer un dibujo relacionado con su visión del conflicto, o incluso se pueden intercambiar fotos familiares.
Luego vienen las sesiones cara a cara. En esa instancia, apunta Paula Barrientos, las diferencias de los padres «van solapadas. No es que hayan peleas o discusiones. Los conflictos sí salen cuando el adulto boicotea lo que nosotros estamos haciendo o no siguen las indicaciones, lo que genera la molestia del otro progenitor».
«Somos pocos centros que trabajamos en estas temáticas. Los pacientes tienen que pagar las sesiones. Cada papá suele hacerse cargo de su sesión y de la mitad de la sesión del niño», detalla Claudia Ojeda.
Partes de la terapia
Por su parte, Samuel Fernández, psicólogo de Saluta, propone que los principales aspectos de esta terapia son: reconocimiento de la ruptura o distancia; exploración de las causas subyacentes; fomento de la comunicación efectiva; desarrollo de empatía y comprensión mutua; resolución de conflictos y negociación de diferencias; reconstrucción de la confianza y reafirmación del compromiso con la relación.
La terapia de revinculación, asevera Fernández, «puede ser un proceso desafiante y emocionalmente intenso. Requiere el compromiso y la voluntad de todos los involucrados para enfrentar problemas difíciles y trabajar juntos hacia la sanación y el fortalecimiento de las relaciones».


