Su pareja, sicóloga, también se instaló en la paradisíaca isla de Koh Samui y atiende a distancia
Por la diferencia horaria, María Francisca Pinto trabaja de 6 a 10; luego retoma sus sesiones de 19 a 23.
Carlos Sánchez (33) y María Francisca Pinto (31) compartían el sueño de conocer Tailandia: por eso, cuando a uno de ellos se le presentó la oportunidad, no lo pensaron dos veces. Él llegó en septiembre de 2024 a la isla de Koh Samui; ella lo siguió en diciembre del mismo año.
Sánchez es ingeniero en construcción con un magíster en administración; en Chile trabajó cinco años en el sector privado, pero siempre quiso vivir la experiencia de trabajar en el extranjero.
«Esta oportunidad se concretó en 2023. Conseguí la visa Working Holiday para Canadá y terminé trabajando como coach de pádel. Cuando se me acabó la visa, un coach mexicano me recomendó buscar en Asia, donde necesitaban este tipo de especialistas. Contacté a un club en Tailandia y les interesó la propuesta; llegamos a un acuerdo y en 2024 me fui por primera vez a Koh Samui», cuenta.
Sánchez nunca había estado en este destino del Sudeste Asiático, por lo que la adaptación fue un desafío. «Decidí tomar esta alternativa porque la vida en Chile se estaba volviendo más peligrosa. De hecho, en 2023 nos asaltaron. Estaba abierto a la posibilidad de mudarme, sumado a que no tenemos hijos y mi familia siempre me ha apoyado en todo», valora.
¿Cuál es su trabajo en Tailandia?
«Soy mánager de un club de deportes de raqueta: tenis, pádel y pickleball. Estoy a cargo de las relaciones públicas con proveedores, otros clubes y clientes potenciales. Hago análisis de demanda para atraer más público, coordino eventos, programas, torneos, ligas y partidos; también administro a los otros coaches y doy clases de pádel a niños y adultos».
¿Cómo es el mercado laboral allá?
«La demanda laboral en Tailandia está relacionada principalmente con el turismo. El salario mínimo aquí es tan bajo -alrededor de $290.000- que las empresas prefieren contratar tailandeses. En mi caso tengo un sueldo que alcanza a cerca de un millón y medio de pesos chilenos. Este es el paraíso para los nómadas digitales: conocí a muchas personas de todos los países del mundo que trabajan online desde este destino».
¿Y los costos de vida?
«En comparación con Chile es mucho más barato, aunque como en todas partes hay opciones económicas y también lujo extremo. Nosotros pagamos alrededor de $450.000 en arriendo; vivimos en un departamento que está a dos minutos de la playa, con piscina, gimnasio y todas las comodidades».
Viviendo al revés
María Francisca Pinto, sicóloga clínica, también se sumó a la aventura, acompañando a Carlos primero a Canadá, donde intentó armar una cartera de pacientes pero no prosperó como esperaba. De regreso en Chile, cumplió su propósito de trabajar de manera online atendiendo pacientes.
«Al principio comencé con un par de usuarios, cinco a la semana. Mientras tanto mantenía mi trabajo en un colegio a tiempo completo. Estuve tres meses así y en diciembre me vine directo a Tailandia», recuerda. Sus ingresos hoy son bastante inestables, reconoce, ya que no todas las semanas atiende a la misma cantidad de personas. «No todos los meses recibo el mismo sueldo, pero aun así sigue siendo un buen ingreso», afirma.
¿Cómo lo hace con los horarios?
«Lo difícil de ser sicóloga en Tailandia es que atiendo en horario chileno. Tenemos entre 10 y 11 horas de diferencia, por lo que me toca trabajar en horarios un poco extraños. Por ejemplo, empiezo mi jornada laboral a las 6 AM y me tengo que levantar a las 5 de la mañana para estar lista. Después de las 10 AM tengo mi día libre, hasta que retomo de 19 a 23 horas».
También atiende a pacientes de otros países. «Tengo usuarios de Estados Unidos, Canadá y Colombia. Lo bonito de las atenciones virtuales es que me permiten conectar con personas de distintas partes del mundo y me dan esta movilidad de poder estar donde yo quiera», valora.
¿Y cómo le pagan?
«Los pacientes chilenos me depositan a mi cuenta corriente de Chile; los que viven en otros países me pagan en dólares a través de PayPal, pero ese dinero lo manejo aparte. Para tener efectivo aquí le deposito a Carlos en su cuenta chilena y él me devuelve la misma cantidad en baht, que es la moneda local: en Tailandia se maneja más el efectivo que las tarjetas, aunque en supermercados, malls o tiendas grandes sí se puede usar la tarjeta chilena».
Con esta estrategia se ahorran las comisiones del intercambio. «Hay pérdidas cuando uno cambia dinero en las casas de cambio o retira de un cajero automático», advierte.
¿Cómo es la calidad de vida?
«Es otra cosa, completamente. Koh Samui es una isla grande para los tailandeses, pero en realidad la considero bastante pequeña. Uno la recorre en dos horas, pero tiene de todo: malls, hospitales, tiendas, mercados y gimnasios.
La vida es mucho más lenta, uno se dedica a disfrutar. Nosotros tenemos horarios de trabajo que nos permiten tener vida propia durante el día. Vamos al gimnasio, tomo clases de baile tres veces por semana, salimos a cenar, a almorzar afuera, vamos a la playa», destaca.
«La seguridad es el gran tesoro de Asia. Uno puede salir a la calle sin que le pase nada. Nadie te va a asaltar o agredir.
Por el contrario, toda la gente es muy amable. Puedes estar tranquilo en todas partes. Por ejemplo, dejar las cosas en la playa y nadie las va a tocar. Lo mismo con salir de noche. Eso es algo que en Chile ya no tenemos», lamenta.


