Escribió ocho cartas de despedida y se ahorcó desde viga de la cárcel

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Patricio Miranda estuvo cuatro años preso, acusado de la muerte de su hijo

Siempre alegó que no era culpable y su abogado asegura que estábamos tan cerca de demostrar su inocencia.

A eso de las tres y media de la madrugada del domingo, ya cuando la fiesta en la que estaba llegaba a sus postrimerías, se le apareció un señor con expresión grave que le dijo, sin mayores preámbulos, que uno de sus clientes, Patricio Miranda, estaba muerto. Lo habían encontrado colgando con una soga al cuello en la Cárcel de San Antonio, donde llevaba recluido casi cuatro años.

El abogado Carlos Canales quedó petrificado. Pocos minutos después, camino al centro penitenciario, recordó la última vez que lo había visto. Fue hace pocos días. «Miranda estaba desesperado, ya no aguantaba más», dice Canales.

El abogado está impresionado, porque dice que «estábamos tan cerca de demostrar su inocencia».

La historia se remonta a octubre del 2002, cuando en un sitio eriazo encontraron el cuerpo sin vida del niño Juan Miranda, de doce años. Tenía dos puñaladas en el pecho.

Por mucho tiempo no se encontraron los responsables del homicidio, hasta que surgió la tesis de que el autor había sido su propio padre, Patricio, para no pagar una millonaria pensión alimenticia, acumulada por años, que le debía a la madre de la criatura, María Cecilia Soto.

Los testimonios que escuchó el juez hablaban incluso de que Miranda había actuado en complicidad con su esposa, Nevenka Beltrán.

Según Canales, todo se basó en unos testigos que luego se desdijeron y por eso fue que la Corte de Apelaciones de Valparaíso le rebajó la pena a su defendido, de 20 a 10 años de presidio. Por eso también apelaron a la Corte Suprema, que tendría la última palabra. Pero Miranda no aguantó más.

Junto con su cuerpo inerte, la policía encontró ocho cartas. De ellas, dos iban dirigidas a sus hijos, una a la Corte Suprema, una a la Corte de Apelaciones y una al alcaide de la cárcel. Canales intuye su contenido. Se imagina a Miranda insistiendo por última vez en su inocencia, en la demora de un proceso que se ha hecho eterno y en el costo que le significó separarse de sus hijos, quienes también tienen a su madre detenida.

No hay certeza si una de sus cartas suicidas iba dirigida a María Cecilia Soto, quien siempre sospechó del padre. Cuando se enteró de su suicidio, ella se limitó a decir que «lo hizo porque le pesaba su conciencia».  02

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