Viñateras de la asociación Vigno rescatan variedad patrimonial que antes se usaba para hacer vino de mesa
Dos rasgos distintivos hacen de Vigno, la asociación de viñateros de carignan del Maule, un caso extraño y digno de destacar en la industria del vino chileno. Uno es la decisión de trabajar en conjunto una cepa diferente, hasta hace algunos años muy poco conocida en Chile, como es el carignan. El otro es que dentro de la asociación hay una importante presencia de mujeres en el rol de enólogas, algo que tampoco es la regla dentro de la industria.
Son Francisca Palacios, de Viña Odfjell; Pilar Miranda, de Garage Wine Co.; Noelia Orts, de Viñedos Emiliana; Andrea León, de Casa Lapostolle; Rosario Domínguez, de Viñedos del Pedregal; Cecilia Zuñiga, de Casas Patronales y Ximena Cristi, de Valdivieso.
Todas ellas son enólogas de parte de las 16 viñas que conforman Vigno, una asociación gremial fundada en 2011 con el objetivo de rescatar el carignan, cepa patrimonial que llegó a Chile luego del terremoto de 1939, dato que ha sido puesto en duda por recientes investigaciones que indican que habría llegado antes. Como fuera, las parras que llegaron al país venían del Sur de Francia, pero la cepa es originaria de Aragón, España, donde se la conoce como Cariñena o Mazuelo.
Por estos días Vigno, que además de asociación gremial es una marca, sacó al mercado su cosecha 2021. Esto porque, como regla, sus integrantes deben sacar vinos que al menos tengan una guarda de dos años, ya sea en botella o en bodega. Esta y otra serie de normas, como que los vinos deben tener un 85% de carignan y el resto de otras cepas del Maule o que deben estar plantadas con un sistema tradicional de conducción llamado cabeza, dan cuenta de un modelo asociativo en torno a una cepa inédito en Chile.
Aquí, Francisca Palacios, enóloga de Viña Odfjell, con producción en Cauquenes y Pilar Miranda, de Viña Garage Wine Co, de Truquilemu, hablan sobre la cepa que rescatan.
¿Cómo es la cosecha que salió al mercado?
Francisca Palacios: «Bastante buena, porque proviene de una temporada diferente a las previas, con un verano que tuvo lluvias a fines de enero, lo que les dio un respiro a las plantas, que son de secano. Ello hizo que estos vinos fueran frescos, con buena acidez; tuvieron una buena maduración, lo que les dio taninos muy suaves y balanceados».
¿A qué se debe que en Vigno haya tantas enólogas mujeres?
Francisca Palacios: «Es algo fortuito, pero da cuenta de que en los últimos años las mujeres hemos tomado un mayor posicionamiento en la industria del vino, que siempre ha sido un grupo donde los hombres dominan. No hay muchas mujeres a cargo de bodegas, por ejemplo. Si bien el tema está cambiando, aún tienen más presencia los hombres. Esto tiene que ver con que es un rubro agrícola que ha sido siempre un sector tradicional. También hay un cambio generacional en cuanto a romper con la figura del enólogo rockstar y apuntar hacia un trabajo más colaborativo».
¿Cuánto ha mejorado el carignan chileno desde que se creó Vigno en 2011?
(Francisca Palacios): «Una enormidad. Nosotros en Odfjell trabajamos el carignan desde 2000 y conocemos muy bien la cepa, pero sin duda que la constitución de Vigno hizo que el carignan tuviera un gran salto de calidad. Es una cepa chúcara, que se aprendió a trabajar y que, fruto del trabajo asociativo que se hizo con ella, consiguió una expresión genuina de la cepa y de su origen, el Maule. Ese trabajo se tradujo en la obtención de puntajes de 98 y 99, superando incluso a las cepas convencionales.
¿Cuánto ha aportado Chile al carignan en el mundo?
Pilar Miranda: «Francia produce, pero no de muy buena calidad y en España hay cosas más potentes e interesantes, pero los carignan chilenos son vinos de altísima calidad, de gran fineza, lo que ha sido reconocido internacionalmente y ha sido un aporte de diversidad al portafolio chileno, tradicionalmente clásico. Nuestro carignan le ha dado una mirada más nueva y disruptiva a Chile.
Además del trabajo del rescate de la cepa y su calidad, ¿qué ventajas les ha traído el modelo asociativo?
Pilar Miranda: «Este modelo se asemeja a lo que hacen las denominaciones de origen europeas en cuanto a normas de auto regulación. Es una marca colectiva que nos ha dado mucha potencia, independiente del proyecto específico de cada viñatero, porque la marca destacada es Vigno. En precio, por ejemplo, el promedio cuadruplica el de Chile, lo que habla de su posicionamiento internacional y de la calidad del proyecto».
Francisca Palacios: «Hay que tener en cuenta que ésta era una variedad que antes de que fuera rescatada se usaba para hacer vino de mesa en el Maule. Otro aporte destacable es que el precio pagado al productor por la uva subió muchísimo, porque antes la pagaban muy mal, a un décimo de precio que se paga ahora.
940 hectáreas de carignan hay en Chile, según datos del SAG.


