Prodigio tecnológico lo desarrolló la empresa Syngenta y está en fase experimental en Inglaterra
Recoge datos en terreno y los procesa con un nivel de precisión que ningún ser humano podría alcanzar, dice Rob Lind, investigador de la compañía suiza.
Se desplaza ágilmente por el campo, muy seguro sobre sus cuatro patas, siempre curioso y con actitud vigilante. No es un perro pastor ni un perdiguero, sino que se trata de Robodog, un robot cuadrúpedo diseñado especialmente para trabajar en el mundo agrícola y que ahora, gracias a la Inteligencia Artificial (IA), puede examinar los cultivos con ojo experto y criterio de agrónomo, transitando con delicadeza entre las hileras de plantas, sin dañarlas y sin alterar el suelo. Su objetivo es el control de malezas en terreno y el monitoreo de pestes en los cultivos
Desarrollado por la empresa multinacional de origen suizo Syngenta, en colaboración con la Universidad de Nottingham, Inglaterra, el can robótico se distingue de otros inventos similares en que cuenta con cámaras de alta calidad que le permiten capturar imágenes tridimensionales precisas de las plantas, obteniendo así registros que son transmitidos en tiempo real al agricultor. Para mayor eficacia, está equipado con una unidad de procesamiento gráfico (GPU, por su sigla en inglés), con la que ejecuta modelos de visión artificial para detectar malezas y otras amenazas, como enfermedades, pestes o problemas de crecimiento.
Rob Lind, investigador de Syngenta en Visión Artificial e Inteligencia Artificial, explica que la tecnología incorporada en el Robodog recoge datos en terreno y los procesa con un nivel de precisión que ningún ser humano podría alcanzar.
«En las labores del campo ya hay satélites, drones y teléfonos. Así que, básicamente, se trata de integrar al perro en esta matriz de plataformas de imágenes», plantea. Y agrega: «Es realmente emocionante trabajar en este ámbito y disponer de nuevas formas de visualizar los sistemas de cultivo. Las plantas nos hablan en el lenguaje de la luz, y los Robodogs están en una posición ideal para captar esos mensajes y permitirnos actuar en consecuencia».
«Pensemos en los inicios de los drones y miremos dónde están ahora. Demos entre cinco y diez años a esta tecnología del Robodog, y probablemente llegará a ser irreconocible. Lo que hace especial al Robodog, además, es que, mientras el dron tiene que salir a volar y recoger información que queda almacenada en la nube, y desde ahí tienes que bajarla, el Robodog puede enviarte los datos en tiempo real o, si lo prefieres, puede salir a explorar en forma autónoma y a su regreso te puede contar todo lo que vio. En realidad, es como un supercomputador con patas», asegura Lind.
El perro robótico posee una autonomía de hasta cuatro horas, y dispone de tres conjuntos de sensores y cámaras, todos conectados a un modelo de IA que le ayuda a «entender» lo que está viendo. Un set está montado en la cabeza, para «ver» lo que tiene enfrente, y un segundo es un dispositivo giratorio, ubicado en la parte inferior de su cuerpo, equivalente al «pecho», que detecta obstáculos y accidentes de terreno. Un tercer equipo, más grande y estable, está adosado al «lomo», y tiene la función de captar imágenes en 360 grados para escanear y mapear todo el espacio circundante.
Jonathan Bermúdez, líder del hub de IA de Kibernum, empresa chilena de tecnología y habilitación en IA, pone las cosas en su debido contexto y dice que la existencia de un invento como Robodog es posible gracias a «la convergencia de robótica avanzada, visión por computadora e IA que se ejecuta directamente en el dispositivo».
«Hoy contamos con modelos capaces de analizar imágenes agrícolas y patrones asociados a malezas, plagas, enfermedades y estrés de las plantas. Hay uno que se llama RCNN, que puede diferenciar con mayor precisión cada planta, hoja o zona afectada. Entonces, este tipo de tecnologías no son tan nuevas, pero ahora, si se integran a la IA generativa y a estos súper procesadores de hoy, y los incorporamos al Robodog, ahí obtenemos este tipo de tecnología tan versátil», detalla.
Aunque la tecnología que sustenta a Robodog aún se encuentra en una fase inicial, y su uso en el agro sigue en etapa experimental, el especialista chileno Álvaro Castro, director sectorial académico de Tecnologías Aplicadas de Inacap, opina que el Robodog, aplicado en los cultivos, «puede ser muy eficiente en el uso agrícola, aportando directamente a la productividad, y con una tasa de fallas muy baja».
«Un robot de este tipo puede movilizarse por zonas en las que a una persona le costaría desplazarse, y es capaz de percibir cosas que a un ser humano se le pueden escapar. También pueden jugar un rol muy importante en temas de seguridad: si en un campo se acaba de hacer una fumigación, por ejemplo, y si se ha utilizado una sustancia que inmediatamente después de ser aplicada resulta tóxica para el ser humano, el perro podrá circular por ese sector fumigado sin ningún problema», comenta.
«Este tipo de tecnología, que podemos llamar robótica móvil, es muy versátil, porque al tratarse de un robot cuadrúpedo se puede movilizar por lugares en que otro tipo de vehículo podría tener mayores dificultades. Un cuadrúpedo, en cambio, puede andar sobre barro, piedras o en zonas en pendiente. Y la tecnología de IA les permite tener autonomía, identificar obstáculos, moverse sin sufrir impactos y esquivar plantas o árboles, y sin pisar plantas o brotes que podrían sufrir daño si las pasara a llevar», continúa.


