Encuesta de la Universidad de Chile en colegios de la Región Metropolitana
En el desempeño de ellos aún se sentían fuertemente los efectos negativos de la pandemia, comenta Elvira Jéldrez coautora de la investigación.
Preocupantes son los datos que aporta la investigación sobre comprensión lectora que dos académicas especializadas realizaron en escuelas públicas de la Región Metropolitana. De acuerdo al estudio, que se basa en pruebas aplicadas a 120 alumnos de segundo a sexto básico, el 88% de los participantes mostró dificultades para comprender los textos que se les entregaron.
Resultado
El trabajo, que acaba de ser publicado en la revista científica «Reading and Writing», fue liderado por las especialistas Elvira Jéldrez y Macarena Silva, ambas investigadoras del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile. Los datos fueron recogidos a fines de 2021, en tres establecimientos a los que asistían alumnos provenientes de familias de nivel socioeconómico medio-bajo.
«Hay varios aspectos importantes para entender el resultado que obtuvimos, así como el porcentaje tan alto de estudiantes con dificultades. Uno de esos factores es que, al realizar el experimento, había pasado muy poco tiempo desde el regreso de los alumnos a las clases presenciales. Eso quiere decir que en el desempeño de ellos aún se sentían fuertemente los efectos negativos de la pandemia», comenta Elvira Jéldrez.
El informe
En su informe final, obtenido tras someter los datos originales a un análisis de clúster, las académicas ofrecen varias cifras inquietantes: el 42% de los participantes mostró dificultades de decodificación, es decir, problemas para leer palabras escritas, pero con comprensión oral adecuada. Un 28% tuvo bajos resultados en todas las áreas evaluadas (decodificación, comprensión oral y comprensión lectora), mientras que el 18% presentó dificultades de comprensión. Solo un 12% de la muestra logró entrar al grupo de los denominados «buenos lectores», quienes obtuvieron puntajes sobre el promedio en todas las pruebas, logrando leer y comprender textos escritos y orales.
Lectura
«La prueba de comprensión lectora que aplicamos es un test de origen español que tenía distintas versiones según el nivel educativo. De esa manera, nos entregaba un puntaje estandarizado según el curso de cada niño. Incluía entre tres a cinco textos breves, algunos narrativos y otros más informativos, y los niños tenían que leerlos y luego contestar preguntas acerca de esos textos», explica la coautora del estudio.
Decodificación
«Es preocupante que haya un porcentaje tan alto de estudiantes con dificultades y también es preocupante que haya niños de quinto básico y sexto básico que tienen muchas dificultades, específicamente en lo que se llama la decodificación. Esto es, que si uno les lee un libro en voz alta, ellos lo comprenden perfectamente, tienen buena comprensión oral, pero tienen problemas para leer las palabras, para decodificar letra por letra y leer automáticamente. Eso implica un rezago que influye en el aprendizaje de todas las otras disciplinas que se enseñan en la escuela», plantea Jéldrez.
¿Cree usted que en este rezago influye el uso de tecnología digital, videojuegos y redes sociales?
«La verdad es que el tema digital avanza tan rápido, y la investigación hecha de forma sistemática y con evidencia válida toma tanto tiempo, que no tenemos suficientes datos para poder decir que hay una causalidad negativa de la tecnología. Sí se han visto ciertas evidencias específicas de que los niños están leyendo mucho más digitalmente. Leen textos que tienen otras características, porque son breves y multimodales, y que incluyen videos, imágenes y son interactivos. Y ese tipo de lectura requiere estrategias cognitivas y habilidades que no son las mismas que se requieren para comprender el texto largo, escrito e impreso».
Dificultades
La académica también hace notar que uno de los hallazgos más llamativos de la investigación es que los estudiantes con dificultades generales fueron quienes más valoraron la lectura, considerándola como una tarea importante, pese a que confesaron que la sentían como una actividad muy difícil y aburrida. Los «buenos lectores», en cambio, declararon percibir menos dificultad a la hora de enfrentarse al texto, pero al mismo tiempo fueron ellos quienes asignaron menor valor a la lectura.
Lector digital
«Creo que con esto surge un nuevo tema, con la pregunta de qué significa ser un buen lector en la era digital. Tal vez tendríamos que cambiar la clásica percepción de que un buen lector es solo aquella persona que lee libros en formato físico. ¿Deberíamos cambiar esa noción, para tal vez así acortar esta brecha entre lo que se enseña en el colegio y lo que los niños realmente están haciendo en sus vidas?», reflexiona la académica.
Leer el mundo
Daniel Aránguiz, académico de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (Umce) y profesor de educación básica, especializado en escritura y alfabetización, opina que las cifras obtenidas por el estudio deben ser tomadas muy en cuenta a la hora de pensar los desafíos que enfrentan los docentes de hoy. «Hoy, cuando hablamos de lo importante que es leer, lo hacemos porque efectivamente nuestros estudiantes tienen que leer ese mundo que está fuera del colegio. Tienen que leerlo desde una mirada crítica y reflexiva, y los educadores tenemos que asumir que leer, escribir y comunicarnos oralmente son prácticas sociales que resultan esenciales», plantea.
Prepandemia
La profesora Catherine Flores, académica del Departamento de Educación de la Universidad de Santiago, especializada en las áreas de Formación Inicial Docente y enseñanza de Lectura Comprensiva, comenta que los datos aportados por el estudio de Jéldrez y Silva vienen a confirmar una situación preocupante que se arrastra «desde antes de la pandemia». «El año 2018 se hizo un estudio que determinó que más de cien mil niños en Chile habían pasado a segundo año básico sin saber leer, y algunos de ellos sin siquiera conocer el abecedario. Entonces, este tema de la lectura en colegios probablemente se agudizó producto de la pandemia, por la falta de presencialidad y la brecha digital, pero es un problema que se viene desde hace bastante tiempo», advierte.


