Guillermo Pacheco, lateral de Cobresal, se acostó a las 3 de la mañana dándole vueltas al partido contra la U
El jugador lleva dos años en El Salvador. Nunca había estado tanto tiempo en la ciudad. Antes, cuando iba a jugar, se quería ir lo más rápido posible. Ahora está feliz. Y más encima será padre por segunda vez en marzo. No sabe si le pondrá Ema Isidora o Antonella Isidora
Guillermo Pacheco (34), lateral derecho de Cobresal, se acostó tipo 3 de la mañana del lunes porque no podía conciliar el sueño. En su cabeza daban vueltas las imágenes del partido contra Universidad de Chile, luego de haber estado a segundos de proclamarse campeones. «Costó, costó dormir, costó porque siempre me ha costado después de los partidos, con la adrenalina y todo lo demás. También me cuesta mucho dormir antes de los partidos, por lo mismo. Uno se va imaginando cosas y se va jugando un partido antes de jugarlo. Entonces es complicado. Con un par de amigos nos juntamos a conversar cómo había sido el partido. Estuvimos a 30 segundos. Rozamos el campeonato, pero estamos con la tranquilidad de que seguimos dependiendo de nosotros. Obviamente, hay que afinar algunos detalles, porque nos están haciendo muchos goles. Igual tenemos grandes jugadores de la mitad para arriba, por lo que podemos hacer un lindo partido contra Unión Española, el próximo viernes», dice el defensa, formado en Wanderers, con paso por San Luis, Universidad de Concepción y Temuco.
¿Al final a qué hora se acostó?
«Más o menos, como a las 3 de la mañana, porque es difícil. Me imagino que mis compañeros deben de haber estado en la misma. Si estuvimos a unos segundos de coronar lo que hemos anhelado todo el año. Si hablamos de merecimientos tanto nosotros como Huachipato, que ha hecho las cosas muy bien, teníamos la opción clara de quedarnos con el campeonato».
La mañana del lunes volvió a los entrenamientos, que seguirán martes y miércoles. El jueves viajará a Copiapó, donde tomará un vuelo, junto a sus compañeros, para llegar el mismo jueves a Santiago. «Volvimos a los entrenamientos, con alegría y con las mismas ansias porque todo depende de nosotros y esperamos hacer un lindo encuentro frente a la Unión», agrega.
¿Tiene alguna cábala?
«No es que sea cábala, pero me gusta salir a la cancha de los últimos, me gusta llegar de los primeros al camarín y bajar de los primeros del bus. Soy muy creyente, católico, por lo que sé que tanto mi esfuerzo como el del plantel dará frutos. Me ha costado harto. Estuve a un paso de retirarme, pero mira dónde me encuentro ahora, luego de haber pasado por muchas situaciones. He cometido muchos errores. He estado abajo y mira ahora en el lugar en que me encuentro. Todo es fruto de lo que me rodea, mi familia y mis hijos. A Ian lo tengo lejos, en Valparaíso, donde vive con su mamá, pero sé que me está apoyando. Ahora, con mi señora, Bárbara Cancino, tengo el placer de agrandar la familia. Estamos felices y viviendo un momento muy lindo Y ojalá mi hija venga con la marraqueta bajo el brazo».
¿Cuándo nace?
«Mi hija nace en marzo del próximo año. Estamos en la duda de cómo le vamos a poner. Puede ser Ema Isidora o Antonella Isidora».
¿Por qué estuvo a punto de dejar el fútbol?
«No eran compatibles mis ideas de juego, como jugador chileno, con las del entrenador uruguayo Eduardo Acevedo, en la U de Conce. No teníamos el mismo pensamiento futbolístico. Luego no hubo relación entrenador-jugador.
Tomé la decisión de dejar el club. Fue en el tiempo de la pandemia y tenía a mi familia lejos. En Conce casi siempre estuve solo, porque mi señora estudiaba fonoaudiología. Entonces pensé en irme, sanarme de la cabeza, porque igual fue complicado en pandemia. Estuve fuera del fútbol como siete meses, en 2020. Me fui donde mi familia en Quilpué. Luego partí a Temuco, gracias a Hugo Droguett, que era el entrenador. Mi esposa y mi hijo tenían más ganas de que volviera a jugar que yo mismo. Gracias a ellos volví al fútbol y no me arrepiento, porque claramente el año en Temuco y los dos en Cobresal han sido años maravillosos».
¿Había estado tanto tiempo en El Salvador?
«No. Cuando uno venía a jugar lo único que querías era que se terminara el partido para irte a tu casa. Ya llegar, el hotel, todo era muy complicado. Nos decían que no teníamos que tomar agua de la llave porque venía con mucho mineral y aparte era mala. Era complicado venir acá, se pasaba mal. Ahora viviendo dos años con mi esposa uno ve que es solitario, pero acá encuentras mucha tranquilidad. Y acá lo único que tienes que hacer es entrenar y descansar. El tema de la familia juega un rol muy importante, porque además la tranquilidad de El Salvador es impagable. No hay asaltos ni portonazos. Esa tranquilidad me llevó a tomar la decisión de renovar un año más. Y ahora estamos viviendo momentos súper importantes».


