La primera vez que Raúl Arancibia escuchó la frase Tren de Aragua, «y muy probablemente, la primera persona en escucharla en Chile», fue a fines de 2021, cuando aún era fiscal regional de Tarapacá e investigaba un caso de tráfico de drogas. Tres ciudadanas peruanas habían sido sorprendidas cruzando la frontera desde Bolivia por el paso de Colchane, con droga adosada al cuerpo.
«Para justificarse», cuenta Arancibia, «dijeron que unos miembros del Tren de Aragua las habían obligado a cargar la droga. Resultó ser falso, en el sentido de que eran traficantes de oficio: nadie las había obligado a nada. Pero descubrimos que el Tren de Aragua era real y, efectivamente, dominaba el paso de Pisiga, frente a Colchane, pero por el lado boliviano, así que había que estar alertas».
«Pocos meses después», agrega, «descubrimos que había aumentado de manera importante el número de mujeres venezolanas y colombianas siendo explotadas sexualmente en el norte y ahí surgió nuevamente el nombre del Tren de Aragua, pero ya no como un bluf, sino como una presencia real en Chile».
La Fiscalía Regional de Tarapacá y la PDI comenzaron a investigar, hasta que en abril de 2022 desarticularon lo que terminaría siendo la primera célula del Tren de Aragua en el país. «Fue cuando supimos por primera vez de la existencia de Héctor el Niño Guerrero», dice, aludiendo al narcotraficante abatido durante una operación militar conjunta en el sur de Venezuela.
Estrella
«En esa época, el principal cabecilla del Tren de Aragua en Chile es alguien que hoy cumple condena en la causa iniciada por nosotros. Se llama Carlos González Vaca, conocido como Estrella», cuenta el ex fiscal. «Estrella se reportaba directamente con el Niño Guerrero porque tenía una cercanía muy fuerte con él. Había sido una especie de guardaespaldas de Guerrero dentro de la cárcel de Tocorón, donde nació el Tren de Aragua».
«No todos los integrantes de la banda tenían acceso al Niño Guerrero. Y las conversaciones no eran normales», agrega Arancibia. «Estrella se comunicaba con mensajes cifrados, muy crípticos. No era algo así como Mira, mañana vamos a hacer tal cosa o mándame tanta plata. No. Había que interpretarlos».
Los mensajes decían relación con advertencias, órdenes y el envío de dinero. En ese tiempo, cuenta el ex fiscal, la organización utilizaba dos mecanismos para sacar dinero al extranjero: el envío hormiga y criptomonedas. «El método hormiga era que la organización le pagaba a cientos de personas para que enviaran dinero al extranjero a través de casas de cambio, pero en cantidades no muy ostentosas. Mil dólares como máximo, para no levantar sospechas. Si uno envía 300 mil dólares de una sola vez, te investigan. Otras veces usaban criptomonedas, pero era un método que recién comenzaban a utilizar. Ahora está mucho más masificado».
Muchos de los destinatarios eran personas que residían en Colombia, dice. Y si llegaba a Venezuela, imposible saber a quién, porque la información que recibían de ese país era nula.
«No tuvimos ninguna respuesta a los requerimientos que le hicimos a la policía o a la justicia venezolana, porque no había ningún tipo de relación», recuerda Arancibia. «Hasta rebotaban los correos. Nada. Cero ayuda. Teníamos miles de personas que entraban al país y no sabíamos quiénes eran ni si tenían antecedentes, porque no tenían documentación o tenían documentación falsa».
Larry Changa
«Supimos también», prosigue el ex fiscal, «que ya en esa época el Tren de Aragua se estaba expandiendo. Esta organización comenzó dominando la frontera, pero fue extendiendo su dominio territorial, cobrando impuesto (la vacuna), tanto para ejercer actividades lícitas como ilícitas, más al sur. Estrella, de hecho, operaba desde Quilpué, y cuando detuvimos a la banda, algunos se encontraban en Santiago».
Una de las piezas clave en esta expansión era uno de los fundadores del Tren de Aragua y que también se reportaba directamente con el Niño Guerrero: Larry Changa, actualmente detenido en Bogotá, Colombia.
«Cuando Larry Changa supo que estábamos pisándoles los talones al Tren de Aragua, escapó de Chile», cuenta Arancibia. «Tal como Estrella, él entró a Chile de forma regular, por un paso habilitado, y mantuvo una fachada legal instalándose con un local de comida rápida. Era de los pocos que se comunicaba con el Niño Guerrero».
A fines de 2023, «El Niño» Guerrero escapó de la cárcel de Tocorón, se dice que a través de túneles subterráneos.
Cuando se enteró de esto, el aún fiscal Raúl Arancibia solicitó una orden de captura internacional en su contra. «Fui el primer fiscal en pedir su captura en nuestro país», dice. «Tenemos más que demostrada su participación en un montón de delitos tremendos».
Lo último que se supo de este ser casi mitológico, del que apenas se tienen imágenes, fue su muerte este viernes a manos de un ataque combinado de fuerzas estadounidenses y venezolanas en el estado de Bolívar, Venezuela. La pregunta que todo el mundo se hace es si esto ayudará a desarticular al Tren de Aragua en Chile. La respuesta del ex fiscal es rotunda:
«En nada. Ahora hay una organización piramidal con otros nombres, lo que de muestra que va reemplazándolos. Ellos ahora están en otra etapa, más consolidada. Cuando yo fui fiscal regional advertí una y otra vez que esto se iba a poner peor, peor y peor. Pero no fui escuchado. Ahora vea todo lo que ha pasado. Hace poco se descubrió que habían mandado más de 78 mil millones de pesos al extranjero. Se transformó en una empresa gigante. Para llegar a esos niveles es porque debe tener una penetración importante en el país. Si nos hubiésemos puesto firmes al principio se pudieron haber cambiado las cosas, pero lamentablemente estamos como estamos».