Luis Fuensalida detuvo a Schaefer el 2005
Recuerda la cara que puso el jefe de Colonia Dignidad cuando le vio la Estrella de David que llevaba colgada al cuello.
«Aún no olvido esos segundos, cuando mis ayudantes le pusieron las esposas y él estaba sentado en una silla de ruedas», dijo Luis Aníbal Fuensalida, quien en marzo del 2005 era el jefe de la Interpol-Argentina y hoy, ya retirado, dicta clases sobre terrorismo y Medio Oriente en el Instituto Universitario de la Policía Federal de su país.
Fuensalida, cuyo apellido se escribe con «s», debido a su origen judío sefardí, se enteró de la muerte de Paul Schaefer a través de Internet. «Uno nunca puede celebrar el deceso de una persona, pero siempre me enorgullecí de haber contribuido a apresar a este hombre que le causó tanto daño a tanta gente de tu país», comentó este fanático de las pipas que lleva tatuajes en sus antebrazos.
Lo que más recuerda de todo el caso es el momento mismo de la detención, en un condominio cerca de Buenos Aires.
«Yo estaba al frente de Schaefer, que parecía un anciano apacible, quieto, muy sereno, con una mirada taciturna y hasta tierna. Me agaché para ver si estaba bien y en eso se me asomó del cuello una cadenita de oro que llevo con la Estrella de David. Él también la vio y se quedó mirándola fijamente durante un momento. Entonces vi sus ojos. Cambio su mirada y pude ver al monstruo detrás de ese aparentemente inofensivo abuelo. Nunca lo voy a olvidar», contó.
Bellusci también estuvo ahí
Salvador Bellusci, segundo hombre de Fuensalida en esa época, recuerda que en el trayecto entre la casa donde estaba Schaefer y el cuartel tuvieron que hacer una parada. «El hombre me pidió agua. Paramos, se compró agua mineral y seguimos viaje», explica.
Cuenta que aún le intriga Schaefer, desde el punto de vista sicológico. «Es interesante tratar de responder cómo una persona puede mover tantas voluntades, cómo muchas mentes pueden ser convencidas, seducidas, por las ideas de una persona que no está en sus facultades normales», dice.


