Sonia Reyes pidió que se aplicara esta técnica en un futuro terminal de buses RED
En las observaciones que presentó al proyecto también estaban la construcción de posaderas, comedores y casas anidadoras para aves, además de la protección de las lagartijas.
El 6 de mayo de este año ingresó a evaluación de impacto ambiental el proyecto de un terminal de buses RED en San Bernardo denominado El Retiro. En teoría, no se trataría de un proyecto de alta complejidad como la construcción de un hospital o una autopista, porque estará ubicado en un sitio eriazo cerca de la ribera del río Maipo y cuyo costo original está calculado en 6 millones de dólares. Sin embargo, esa cifra casi siempre cambia hacia arriba cada vez que le van agregando «observaciones», como se le conocen a las sugerencias o exigencias que hace la autoridad medioambiental, algunas de las cuales pueden sonar algo extravagantes.
En una de estas observaciones, relacionadas al ítem «recursos naturales y biodiversidad», la Seremi de Medio Ambiente le «solicitó» (ese fue el verbo que ocupó) a la empresa constructora del terminal que en las áreas verdes debe haber una «plantación mayoritaria» de árboles nativos, «pudiendo considerar en algunos sectores la técnica de Miyawaki».
Además, plantea la «construcción de posaderas, comedores y casas anidadoras para aves», y la protección de la «Liolaemus Lemniscata, de la clase Reptilia» (más conocida como lagartija) hallada en el lugar.
Por técnica Miyawaki, la seremi se refiere a un método de reforestación ideado en los años 70 por el botánico japonés Akira Miyawaki, que consiste en la plantación de árboles nativos y arbustos muy cerca uno del otro lo que los hace competir por la luz, acelerando así su crecimiento.
Solo entorpece
Con todo, Pablo Maturana, profesor de la Escuela de Construcción Civil de la UC y ex director de la carrera, escucha estas palabras, Miyawaki, lagartijas, casas anidadoras para aves, y de inmediato concluye: «Estas son el tipo de cosas que ralentizan y entorpecen la inversión».
El académico dice que «es evidente que todo proyecto impacta en el ambiente», pero lo que hay que buscar es «mitigarlo con sentido común».
«Este tipo de cosas aumentan los costos, los plazos, aumentan todo, porque ahora hay que contratar biólogos, hidráulicos, agrónomos, etcétera», dice.
Juan José Obach, director ejecutivo del centro de estudios Horizontal Chile, dice que éste es un nuevo caso de exigencia desproporcionada y que el problema de fondo son los criterios. «Aquí no sabemos si la normativa exige todos estos requisitos que la seremi está pidiendo o simplemente son exigencias que salen de esta seremi en particular.
Para entregar más certeza jurídica, todos los pronunciamientos debieran atenerse a un estándar que fueran conocidos por todos los actores».
Se retracta
Durante los últimos días, las exigencias al proyecto han circulado profusamente por redes sociales, con furibundas críticas, como la del ex ministro Ignacio Briones, hasta llegar a la Comisión de Medio Ambiente del Senado, que citó a la seremi, Sonia Reyes, para que explicara esto de Miyawaki y las lagartijas. Se presentó ante la comisión la tarde del lunes. En resumidas cuentas, se podría decir que se anduvo echando para atrás.
A través de un comunicado, explicó que las observaciones presentadas «no constituyen exigencias, sino solicitudes de información adicional y, en otros casos, sugerencias». Por lo tanto, decidieron «rectificar la redacción del pronunciamiento» y que ahora están orientadas a «pedir información adicional».
También «se rectifica la solicitud de estructuras específicas para aves», y en cuanto a la técnica Miyawaki, «se considera que el titular debe decidir qué técnica utilizará para la plantación, por tanto, se suprime de la observación».
No obstante», agrega, «hay muchos casos que muestran que es una técnica muy exitosa, cuya mayor ventaja es que requiere cuidados solo los tres primeros años y después se convierten en núcleos de vegetación autosuficiente».
El método
Pero para Eduardo Martínez, académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile, esa idea de solución mágica contra el cambio climático del método Miyawaki es eso, una idealización. Por varias razones.
En primer lugar, dice, «Miyawaki ideó su sistema para ser utilizado en su país, Japón, donde llueve en verano. Y en la zona central de Chile no llueve en verano. Así que en el momento en que estas plantas más requieren agua, hay que regarlas y de forma abundante, así que no existe eso del bajo estrés hídrico».
Segundo, agrega, hay que sacar todas las piedras y rocas hasta un metro de profundidad «y para eso se requiere retroexcavadoras, maquinaria pesada, lo que sale caro. Además hay que gastar en fertilizantes y material orgánico».
Pero sobre todo, como tercer punto, Martínez dice que no existe un manual para llevar a cabo este método. Hay descripciones de casos (como la que aparece en la foto que acompaña estas líneas, el Parque de la Sustentabilidad Juan Antonio Ríos en Independencia), pero no hay estudios en Chile a largo plazo que puedan decir cuándo está la misión cumplida. Es decir, ¿cuál es la altura ideal de las plantas? No sabemos. ¿Cuándo sobreviven cuántas especies? No sabemos. ¿O cuáles son las mejores especies para aplicarlo? Tampoco sabemos».


