Sobresalen corales profundos, esponjas de vidrio, erizos de mar y pequeños crustáceos
El Schmidt Ocean Institute llevó a cabo exploraciones en zonas de oscuridad total en regiones como Valparaíso y Magallanes.
El Schmidt Ocean Institute finalizó una expedición de 55 días a bordo del buque Falkor (too) en las aguas profundas frente a Chile, con un hallazgo extraordinario: 60 especies desconocidas que viven cerca de respiraderos de metano, grietas en el fondo del océano donde escapan burbujas de este gas y se crean hábitats únicos. Más de 20 profesionales de distintas nacionalidades participaron en la misión y contribuyeron al descubrimiento.
Estos hallazgos amplían el conocimiento sobre ecosistemas poco explorados y plantean nuevos desafíos para la ciencia y la conservación. La expedición incluyó exploraciones en canales de la región de Magallanes, rezumadores en la región del Biobío y sectores del fondo marino en la región de Valparaíso.
Respiraderos
El buque «Falkor (too)» mide 110,6 metros de eslora y cuenta con tecnología avanzada, como vehículos operados remotamente capaces de explorar hasta 4.500 metros de profundidad. Su infraestructura incluye más de 200 metros cuadrados de laboratorios especializados, que permiten un análisis detallado de los ecosistemas marinos. Estas características facilitaron el mapeo preciso de los respiraderos de metano frente a la costa chilena.
Dominique Charlin, de Greenpeace Andino, explica que los respiraderos de metano, ubicados en el lecho marino a temperaturas similares a las ambientales, son sectores hostiles para la mayoría de los seres vivos. Sin embargo, en ellos prosperan bacterias y microorganismos que convierten el metano en alimento mediante quimiosíntesis. «Estas bacterias no solo sostienen a comunidades enteras de otras especies, sino que también forman esteras visibles en el fondo marino o viven en simbiosis con animales como gusanos tubícolas y mejillones», detalla la investigadora. «En esta relación, el animal proporciona un refugio seguro de depredadores, mientras que las bacterias generan alimento para el anfitrión», añade Charlin.
Este intercambio simbiótico crea ecosistemas que, a pesar de su aislamiento, albergan una diversidad impresionante, desde cangrejos y camarones hasta caracoles y langostas. Entre las especies identificadas destacan corales de aguas profundas, esponjas de vidrio, erizos de mar, anfípodos (pequeños crustáceos) y langostas agazapadas (langostas squat). Además, se documentó por primera vez en el Pacífico sur la presencia del pulpo «Casper» y se obtuvieron imágenes inéditas de un calamar del género Promachoteuthis, una especie extremadamente rara. Charlin lo resume como «verdaderos oasis en un entorno extremadamente hostil».
Un desafío
Según Charlin, el hallazgo solo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad marina, sino que también plantea interrogantes clave. «El desafío de los próximos años es poder identificar claramente a estas especies, poder descifrar sus características y sus formas de interacción», afirma Charlin.
La tarea no será sencilla. Según la especialista, con la poca información que hay de cada una de ellas, esta es una tarea compleja que seguro va a durar varios años. Cada nueva especie descubierta representa una oportunidad única para entender cómo la vida se adapta y prospera en condiciones extremas, pero también un llamado urgente a proteger estos ecosistemas, recalca Charlin.
Lo desconocido
La expedición también documentó fenómenos como congregaciones de calamares Humboldt y observó colonias de gusanos, entre otros hallazgos. «El descubrimiento de más de 60 especies nuevas es extraordinario y abrirá innumerables preguntas que garantizarán que estas especies sigan siendo objeto de investigación durante muchos años», concluye Charlin.




