A través de una fundación, entregará hipoterapia a niños en las caballerizas del animador
Este es el tesoro más preciado porque era la intimidad de Felipe, cuenta su cuñado,quien dirige la organización.
El burro Chachantún era uno de los animales regalones de Felipe Camiroaga. Hoy tiene 22 años y está algo inquieto. Quizás enojado. Suele caminar libre por la parcela, pero su cuidador lo condujo detrás de una cerca junto a un pony para que no interfiriera en las fotos de esta nota.
De a poco se acostumbrará a las visitas porque la familia del animador abrió la parcela de Chicureo, donde viven Cachantún y otros 19 equinos.
«Felipe tenía un gran amor por los animales e hizo una vida anónima de apoyo social. Entonces, pensamos en habilitar este espacio y que esté disponible para entregar beneficios gratuitos a niños a través de la hipoterapia», cuenta Gabriel Valenzuela, cuñado de Camiroaga y director de la Fundación Felipe Camiroaga, organización se lanzó hace unos días para promover el legado de la figura televisiva, quien falleció hace 13 años un accidente aéreo en el archipiélago de Juan Fernández.
«Ha sido un duelo largo y queremos mantener su memoria dando bienestar y programas gratuitos a las familias. Es lo que él muchas veces hizo en vida, pero ahora con esta fundación», dice.
El centro de atención se habilitó en la que fue la parcela del conductor de TVN en Chicureo, un terreno de 20.000 metros cuadrados al que llegó casi de manera pionera en 1996 para concretar uno de sus sueños, una casa de campo muy cerca de Santiago, en los faldeos de un cerro para relajarse.
«Felipe pasaba casi todos los fines de semana acá al inicio, llegaba los viernes y se iba los lunes. Después empezó a venir todos los días. Salía a pasear con sus caballos, tenía pavos reales, gallinas, halcones. Las caballerizas son las originales, le gustaban mucho. Hizo también una cancha de polo donde disfrutaba jugar con sus amigos, pero ese terreno (de 5.000 metros cuadrados) se vendió, hay casas actualmente», cuenta Valenzuela.
Antes de morir, Camiroaga reconstruyó su casa, que se quemó a inicios de 2011. Hoy la ocupa su hermana Soledad y una espesa vegetación le da privacidad.
«Ella es quien se ha hecho cargo en gran parte de mantener así de bonito todo», detalla.
En las terapias se usan las caballerizas, la cancha de salto y la troya, una especie de corral circular con arena para que los cabellos y niños pisen un terreno más blando y puedan jugar. En ellas participarán cuatro de los 15 caballos y dos de los cuatro ponys que viven en la parcela. Además de Cachantún, aún vive Luis Enrique, el compañero en el polo de Camiroaga. Ese caballo ya tiene 20 años.
«Las personas que vengan van a poder disfrutar de este miniclub ecuestre, conocer parte de la intimidad de Felipe, donde disfrutaba y se relajaba. Estar acá produce una sensación de relajo, de conexión con los animales, la naturaleza; el olor es distinto, está todo verde», describe Valenzuela.
¿La familia pensó alguna vez en vender la casa?
«No, nunca ha estado en los planes. En el ámbito familiar él siempre está presente, recordado con un amor especial y con una emotividad que produce sentimientos muy potentes, de mucho cariño, como si no hubiese pasado lo que pasó. Este es el tesoro más preciado porque era la intimidad de Felipe, por eso se ha conservado de tan buena manera y ahora se pone a disposición de los niños».
¿Es muy caro mantener a los caballos?
«Sí, son costosos de mantener. Hay que asearlos diariamente y la comida ha subido mucho de precio. Un fardo cuesta entre $6.000 y $12.000. Por estos días ronda los $9.000 y dura dos o tres días. Y la empresa Nowu que hace muebles de madera nos dona la viruta para los establos, que puede costar entre $300.000 a $400.000 semanales para todos los caballos».
Ahora tiene vecinos
Cuando Camiroaga llegó al sector de Lo Arcaya, en Colina, era prácticamente el único vecino del lugar. Su entorno era de pura vegetación, una pequeña laguna y los cerros. Hoy tiene vecinos por los cuatro costados. Hay un condominio rural de poco más de 50 parcelas y un camino de tierra. Justo en el cerro aledaño a su terreno, hay un camino privado que da hacia el condominio Las Brisas de Chicureo, que tampoco existía en 1996.
«Antes era mucho más campo, no estaban las casas que hay ahora, muchos cercos actuales tampoco. Las construcciones que hay alrededor son todas nuevas. Estaba todo limpio antes», recuerda Valenzuela.
La llegada de muchos nuevos residentes se nota. Cerca de las 16:00 comienzan los tacos en las calles sin semáforos. Los letreros de venta de propiedades en la vía anuncian terrenos desde 24.000 UF (más de $900.000.000).
Recaudación
La marcha blanca de la fundación partió en abril, hoy están en plena recolección de fondos. Necesitan $360.000.000 para funcionar y pagar los sueldos de los profesionales de tres programas por un año. Los proyectos son: huertos en establecimientos educacionales; «Halcón en acción», sobre educación en salud y bienestar, y la hipoterapia para niños en el espectro autista. A este último se puede postular y la fundación iniciará contactos con colegios que tengan programas de Integración Escolar.
Más información en www.fundacionfelipecamiroaga.cl y @fundacionfelipecamiroaga en Instagram.


