Llamativa exposición del italiano Marco Sanges en Londres
Puede parecer exagerado, pero no hay por qué desconfiar de sus palabras: Marco Sanges, taquillero fotógrafo de modas e inquieto artista visual, dice que la primera vez que capturó e imprimió una imagen con su cámara tuvo una sensación «más grandiosa que el enamoramiento».
Guiado por esa pasión, el hombre -quien es nativo de Roma pero vive en Londres hace casi quince años- ha desarrollado una espectacular carrera que incluye seductoras estampas eróticas en blanco y negro, cortometrajes fantasiosos inspirados en el cine mudo y monumentales escenificaciones en las que combina desnudos, majestuosos espacios interiores y personajes dignos de un filme de Buñuel.
La singular propuesta del autor se despliega, por estos días, en «Big Scenes» muestra individual que Sanges acaba de inaugurar en Hackney Empire, Londres, y en la que el espectador puede apreciar tanto filmes de carácter surrealista como enormes láminas panorámicas pobladas por decenes de personajes que, por sus vestimentas, parecen invitados a una elegante fiesta en algún palacio de Europa.
El montaje da cuenta de la importancia que el fotógrafo asigna al tema del erotismo, asunto al que ya ha dedicado un par de libros de imágenes y que, en sus primeros trabajos conocidos, se manifiesta en tomas en blanco y negro en las que espectaculares mujeres desnudas posan en escenarios como barrios londinenses venidos a menos e interiores de departamentos abandonados.
Una de las claves del universo personal del artista es el deseo de sugerir historias: muchas de sus instantáneas plantean situaciones que poseen cierto carácter narrativo, rasgo que se complementa con los episodios absurdos y oníricos que aparecen en las películas («La sonnambula» y «Pensieri di un viandante solitario», entre otras) que ha filmado en colaboración con su colega Alberto Bona.
Entre las piezas incluidas en la exposición «Big scenes» destaca una en la que confluyen todos los asistentes a una lujosa cena que de alguna manera terminó convertida en orgía. En la estampa, elegantes caballeros y distinguidas señoras intentan bailar en un gran salón mientras, a sus pies, yacen esculturales mujeres desnudas que parecen haberse desmayado al mismo tiempo y cuyos cuerpos, obviamente, dificultan los desplazamientos rítmicos de las parejas.
Otra lámina llamativa es una en la que venerables señores y damas empingorotadas juegan a las cartas en un casino cuya decoración incluye bustos de pensadores griegos y antigüedades propias de un museo. La composición ofrece un chiste visual: uno de los naipes parece agrandado por efecto de la perspectiva, pero luego se advierte que la carta es, efectivamente, gigantesca.
Sanges, quien se declara fanático del cine mudo y de las películas de Pier Paolo Pasolini, así como de la pintura de Manet, explica que su deseo es «imprimir signos de interrogación» a través de sus trabajos: «Quiero que los espectadores busquen el aspecto narrativo de estas imágenes sin textos, y que entiendan las historias que están colgando en frente de ellos», resume.
Viaje emocional
Marco Sanges confiesa que una de sus grandes aspiraciones es «fusionar la fotografía con el teatro en un solo viaje emocional».
Para satisfacer esa ambición, el autor inauguró su exposición en Londres con una performance en la que recreó en vivo una de sus llamativas fotografías. De esa manera, recurrió a decenas de actores para escenificar una estampa en la que elegantes personas bailan en medio de un salón cubierto de mujeres desnudas.


