Marco Ugarte y Eduardo Verdugo, de la agencia AP, fueron galardonados en la categoría Feature Photography
Ambos profesionales, radicados en México desde hace años, retrataron la migración hacia Estados Unidos.
Una de las categorías de los premios Pulitzer de fotografía se llama Feature Photography, o fotografía destacada, en que se premia una o varias fotos sobre un tema de actualidad tratado «con gran profundidad». Este año el trabajo premiado fue el presentado por la agencia AP que trata sobre la migración hacia Estados Unidos (se puede revisar en este link: https://shorturl.at/jsDW0).

La agencia postuló a este galardón seleccionando apenas 15 fotografías de las miles que se tomaron durante el 2023 sobre el tema, y que fueron capturadas por 8 fotógrafos, de las decenas de colaboradores que tiene la agencia en Latinoamérica. Resulta que dos de ellos son chilenos: Marco Ugarte y Eduardo Verdugo.
El tren
Ugarte, de 66 años, comenzó su carrera a principios de los 80 en la revista «Hoy», continuó en France Press hasta 1992 y en 1994 la agencia AP le ofreció cubrir el levantamiento zapatista en Chiapas, México, país del que no se ha movido desde entonces.
Durante décadas ha hecho una infinidad de fotografías sobre el tema migratorio, pero el año pasado se produjo, y se sigue produciendo, una explosión migratoria que escapa a cualquier comparación.
La fotografía por la que fue premiado la tomó el 23 de septiembre en la ciudad de Irapuato, en el estado de Guanajuato, en el centro del país. La hizo de madrugada, en un lugar de la línea férrea donde los trenes de carga se detienen para cambiarse de vía.
«Esos trenes, que transportan granos, principalmente, van hacia el norte, lo que es aprovechado por los miles de migrantes exhaustos que provienen de varios países de Centroamérica, con destino a Estados Unidos», cuenta Ugarte. «Son familias completas que te cuentan historias similares. En el camino, algunos son secuestrados por el crimen organizado, otros son estafados por los polleros, que los cruzan a EE.UU. por mil o diez mil dólares, y otros son asaltados y asesinados. Pero los migrantes siguen avanzando, siempre al norte. Por eso se suben a estos trenes, para viajar gratis».
La imagen capturada por Ugarte muestra un tren de carga de unos 80 vagones hacinada de migrantes hasta los bordes. «Es increíble la desesperación con la que se suben. Muchos van con niños».
El ramo de flores
La historia de Eduardo Verdugo es muy similar. Formado en el desaparecido diario «La Época», donde estuvo siete años, comenzó su vida itinerante en 1996, cuando viajó a Perú para trabajar para la agencia France Press. En 1998, al igual que Ugarte, la fiebre por las noticias que surgían en Chiapas lo impulsó a viajar a México, donde también fue contratado por AP. También está radicado en México desde entonces.

Su fotografía premiada es acaso la más distinta de las que recibieron el Pulitzer. La tomó en la localidad de Huehuetoca, unos pocos kilómetros al norte de Ciudad de México. También la hizo en una vía férrea, en un lugar donde suelen subirse los migrantes a los trenes de carga.
«Ocurrió en un instante en que había unas 800 personas esperando, lo que es poco, teniendo en cuenta que siempre son miles», cuenta Verdugo. «En un momento me pongo a conversar con una mujer que me empieza a contar su historia. Era venezolana y había cruzado la Selva del Darién, también llamado Tapón de Darién, una espesa selva que separa Colombia y Panamá. Son tres días de viaje a pie, que es un calvario. Me contaba que en el camino muere gente, que hay personas que no son capaces de cruzar los ríos, y otras son asaltadas y asesinadas. Luego hay que atravesar todos los demás países centroamericanos: Nicaragua, Honduras, Guatemala, hasta que finalmente hay que cruzar México».
«Pero sucedió que mientras me contaba esta terrible historia», prosigue Verdugo, «un señor que parece que viajaba con ella se alejó un poco y fue recogiendo flores. Luego hizo una especie de lazo, formó un ramo y se lo pasó a la mujer. Había gente alrededor y, como si fuesen escolares, empezaron a molestarla, a hacerle bromas. Uuuuuuy, le regalaron flores? A la mujer le dio vergüenza, se rió y se tapó la cara con una mano. Yo estaba con mi cámara preparada y le saqué la foto».
La imagen es de un contraste infinito. Es como si, en medio de la abrumadora y desesperante realidad, hubiese espacio para la ternura y las bromas. Seres humanos, al fin y al cabo.


