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Título/Pie de foto: Vicente Montañés.
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Título/Pie de foto: Malon. La rebelión del movimiento mapuche, 1990-2013
Fernando Pairican Padilla
Pehuén Editores, 2014, 418 páginas.
En este libro, se da cuenta pormenorizada -con gran profusión de nombres, datos, siglas, entrevistas, fechas, citas periodísticas- de la rebelión autonomista mapuche que, desde 1990 (fin de la dictadura), se ha desarrollado en el sur.
Vicente Montañés
«Ustedes son extranjeros», le dijo al agricultor chileno Jorge Luchsinger, en junio de 2004, un iracundo weichafe , o «guerrero» mapuche. Con un culatazo en la cara, el terrateniente debió oír, además, esta sugerencia: «Abandonen las tierras porque son nuestras». Dichas «tierras», en la Araucanía, son parte -para los weichafes que incendiaban el fundo Santa Margarita- de la Wallmapu, la gran patria mapuche.
El hecho se relata en Malon. La rebelión del movimiento mapuche, 1990-2013 , del historiador Fernando Pairican. Sus causas inmediatas pueden verse en estas páginas, pero en el fondo se remontan (si es que no a la Conquista) a la mal llamada Pacificación de la Araucanía de fines del XIX, cuando el Estado chileno se anexionó militarmente los territorios mapuches.
Dicho culatazo y los incendios se enmarcan en la «revolución» indígena de los últimos 25 años, fenómeno sociopolítico que -narrado desde el (múltiple) punto de vista mapuche- constituye la razón de ser de este libro. En 418 páginas, se da cuenta pormenorizada -con gran profusión de nombres, datos, siglas, entrevistas, fechas, citas periodísticas- de la rebelión autonomista mapuche que, desde 1990 (fin de la dictadura), se ha desarrollado en el sur de Chile. Sus objetivos son autonomía cultural y política, devolución de tierras usurpadas, posibilidad de ejercer con justicia sus derechos, reconocimiento a su especificidad cultural.
Pero el movimiento mapuche dista de ser homogéneo. Existen, además de la obvia diversidad de comunidades y líderes, al menos seis organizaciones autonomistas que difieren en sus estrategias y en sus métodos, aunque, como dice el autor, «hay una utopía común que es la autonomía. […] Esto no es un sindicato; es un pueblo, tan diverso como el chileno».
Se trata de un movimiento crecientemente ideologizado en la afirmación de una identidad cultural consciente y, por qué no, orgullosa tras siglos de sufrir discriminación. Comenzó, tal vez, en 1989, cuando varias organizaciones de pueblos originarios firmaron -con el entonces candidato Aylwin- el Acuerdo de Nueva Imperial, que preveía el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. Los propósitos del acuerdo se vieron desfigurados por sucesos como, por ejemplo, la construcción de la represa Ralko en 1997, primer gran hito conflictivo. Y ese año el incendio de tres camiones madereros en Lumaco «concretó, en un sector del pueblo mapuche, una nueva forma de hacer política, incubada desde fines de los 80 en su aspecto teórico. […] marcó la diferencia entre luchar por la devolución de tierras y la devolución de territorio, ya que fue clarificando el carácter ideológico de la ‘cuestión nacional mapuche'».
Para el chileno urbano puede no ser comprensible el sentido «interno» de este fenómeno. Deberá, pues, aplicarse a la trabajosa lectura de Malon : aunque el relato no sea muy nítido, ni muestre su prosa la fluidez y coherencia deseables en una obra como ésta, dispondrá así de elementos para cuestionar la visión convencional y hegemónica que impera respecto al conflicto. Creemos que ésa es la apuesta del autor. No en vano, Pairican señala: «En esta historia, el repertorio de la violencia ha sido ejecutado por los agricultores, la policía y el Estado. […] La violencia de los agricultores se remonta a cien años atrás. Los colonos violaron mujeres, descuartizaron niños, les tiraban los caballos encima, les robaban los animales y les quitaron sus tierras».
Malon. La rebelión del movimiento mapuche, 1990-2013
Fernando Pairican Padilla
Pehuén Editores, 2014, 418 páginas.


