Vasco da Gama ganó por 2-1 a Bragantino y se salvó del descenso en Brasil
Qué estrés, fue medio año muy intenso, pero estoy feliz porque se logró el objetivo, dijo el Pitbull en un live en su cuenta de Instagram.
Gary Medel no aguantaba más de los nervios sentado en la banca de Vasco da Gama en el duelo ante Red Bull Bragantino. El chileno fue titular y capitán en el equipo dirigido por Ramón Díaz, pero salió reemplazado en el minuto 71, cuando el marcador iba 1-1 y parecían condenados al descenso en el torneo Brasileirao.
Pero apareció la cabeza del ingresado Serginho en el minuto 82 para anotar el segundo tanto de los locales y hacer reventar el estadio Sao Januario de Río de Janeiro. Medel también explotó, de júbilo, y se ganó una amarilla por parte del árbitro Wilton Pereira.
A esa altura daba todo lo mismo: Santos cayó por 2-1 ante Fortaleza y ocupó el lugar de Vasco da Gama entre los equipos que perdieron la categoría en el fútbol brasileño. Tras el pitazo final, el Pitbull fue el primero en entrar a la cancha y regaló abrazos a todos sus compañeros. También apretó el puño y, con los ojos llorosos, miró a la hinchada.
Medel llegó recargado de energía al vestuario, casi como si no hubiese jugado el partido más importante de la temporada. «Ay, Dios mío, loco. Llegué acá con 9 puntos», dijo apenas se conectó a la transmisión en vivo desde su cuenta de Instagram (@gary_medel17) pasada la medianoche.
El camarín liderado por Medel era una fiesta total. Lo acompañaban sus hijos mayores, Alejandro y Gary, vestidos con la camiseta del papá, y todos se acercaban para pedirle selfies. Estaban en medio de una cuando uno de sus compañeros lo sorprendió por la espalda y le derramó un vaso de agua fría en la cabeza. «Está congelada», se quejó Medel muerto de la risa.
Después de secarse a la rápida, el crack chileno organizó un concurso de su especialidad: los pasos prohibidos justo al centro del vestuario. «¿Bailo samba?», preguntó a los casi 18 mil seguidores conectados a su live antes de lanzarse con una clase magistral de ritmo y desplante. A los pocos segundos se le sumaron los utileros y colaboradores del club en este perreo improvisado.
«Qué estrés, loco. La verdad fue medio año muy intenso. Pero estoy feliz porque se cumplió el objetivo, se logró», cerró el Pitbull en su mejor momento.


