Desde febrero que reside allá, considerada capital de esa industria
Se crió en Alto Hospicio, donde fue testigo de Jehová con su familia: Tuve una fe intensa y mi abuela logró su cometido: que no me metiera en la pasta base.
Este sábado estuvo paseando en globos en Capadocia (Turquía) y días antes visitó la Mezquita Azul en Estambul. Es que la vida de la chilena Valentina Valencia (26) está entre ciudades. «No soy un ejemplo para nadie, no pretendo que se piense que lo que hago es común pero se me critica por ser libre, lo que no pasa con los hombres que son tratados como campeones. Estamos en una sociedad donde se pide que la mujer sea pura y cero kilómetros, y a mí eso no me interesa», reflexiona ella, cuyo alias es Gatita Veve y quien ha comenzado a hacerse nombre como actriz en la industria del cine para adultos y desde febrero reside en Budapest, una de las capitales de este rubro. Nacida en Iquique y proveniente de una familia humilde, pasó toda su adolescencia en Alto Hospicio participando en la iglesia como testigo de Jehová. Un giro de 180 grados con su presente.
«Vivíamos con toda mi familia en la casa de mi abuela, y era ella testigo de Jehová, me metió en eso. Cuando uno vive en una población es mejor meterse en la religión que en cosas malas. Íbamos mucho al Salón del Reino, así se llaman las iglesias, y unas tres veces por semana iba una señora a la casa a leernos los libros como el Atalaya y la Biblia. Tuve una fe intensa y mi abuela logró su cometido: que no me metiera en la pasta base, que era lo común en el sector. Acaté muchas cosas, pero me solté las trenzas, dejé la religión a mis 22 años, cuando viví en Argentina, más que todo porque sentí que la visión del mundo era muy limitada y yo soy muy ambiciosa. Al crecer me di cuenta de que el mundo que me mostraban no era el que quería. Me obligaban a usar faldas largas cuando yo quería usar otras cosas. No me hizo sentido que, si Dios es tan grande y poderoso, me limitaran a algo tan tonto como una prenda de ropa. Mi abuela me había contactado con señoras en Argentina para que siguiera estudiando los libros, así que tuve que cortar relación. Ella me dijo que me iba al infierno, igual me dio pena», explica Valentina, quien se fue a estudiar diseño al otro lado de la cordillera y luego se instaló en Santiago con una marca de ropa propia.
«Empecé a mostrar mi vida, mi ropa, comencé a ganar seguidores, llegué a tener 80.000 en su momento y trabajé como influencer. Tuve un problema muy grande con un ex y perdí el negocio, me quedé sin plata para invertir en algo, así que decidí abrirme una cuenta en OnlyFans a inicios del año pasado, pero todo muy suave con lencería y bikinis. Gané buena plata, me recuperé financieramente y en eso un conocido español de la industria para adultos, Máximo García, me habló sobre hacer un video porno. Al principio me ofendí. Le dije: ¿De qué me ves cara?. Me mostró el sistema de trabajo y me gustó, así que hice una colaboración con él. Me metí al cine de adultos por gusto. Encontré que es como una obra de teatro donde debo desnudarme y hacer un show, y no mucha gente en Chile lo hace. En OnlyFans iba a ser una chica más y soy ambiciosa. Quise exprimir la oportunidad, ya llevo un año en esto», sigue la chilena.
Tras grabar colaboraciones con personajes europeos de la industria, se fue a México unos meses «y ahí empecé con todo, hice fotos para Playboy México, me volví más profesional. Conocí a un chico que trabajaba con grandes productoras, y me dijo que debía irme a Europa y me dio el contacto de una manager. Me hicieron un casting, me preguntaron si hablaba inglés, que lo hago, y me pidieron que me fuera para Budapest, que es la capital de la industria. Estoy desde febrero allá. Me pagaron los pasajes, vivo en una casa y me tratan súper bien. Acá hay muchas productoras, hasta de porno en realidad virtual, y todas pagan bien. Siempre te piden exámenes médicos muy recientes que acá se demoran sólo horas para los resultados. Y si las grabaciones son en otros lugares u otros países, las productoras costean el viaje. Hay semanas que puedo grabar todos los días. Me han dicho que les gusta mi cuerpo y mis expresiones, que tengo un rostro diferente».
¿Cuánto gana?
«Por escena pagan desde 500 a 2.000 dólares. En México, una vez en un mes, me hice 30.000 dólares entre escenas, lo que gané con contenido en todas las plataformas (@gatitaveve.star en Instagram) que son varias en las que estoy, porque en algunas gano por reproducciones (de sus videos), y shows eróticos en discoteques».
¿Qué opina su familia de este oficio?
«Me dio mucho nervio decirles, sobre todo porque tengo un hermano de recién 18 años, pero preferí contarles yo en vez de que se enteraran por otro. Reaccionaron con sorpresa al principio, mi mamá me apoyó mucho, no quería que pensara que me volví loca después que me separé de mi ex. Le expliqué que esto solamente era otro negocio y todos me apoyaron. Es mejor ser honesta. Mucha gente se alejó, pero lo agradezco, fue el mejor filtro para mis amistades. Sé que siempre la crítica será el porqué no trabajo en otra cosa, pero la respuesta es que no quiero. Soy feliz haciendo esto, me encanta el exhibicionismo y sé que todo lo que hago quedará para siempre en internet. Hago una vida en base a esta decisión de la que no hay vuelta atrás. Cuando ya no lo pase bien, lo dejaré y sólo trabajaré en mi productora de cine para adultos que ya puse en Chile, Saturnalia, porque estoy aprendiendo el modelo de negocios».


