«Giselle» regresó recargada

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Clásico entre los clásicos, la presentación del ballet «Giselle» ha tenido en Chile un desarrollo reciente de triunfos, pero también de matices de sinsabor que le han quitado esplendor. Recuérdese que en 2010, con un Municipal terremoteado y cerrado, debió trasladarse al incómodo Teatro Teletón; en 2014 regresó a aquel teatro con grandes homenajes a bailarines y coreógrafos; en 2016 lo bailó en Frutillar en gloriosa función la gran estrella mundial que es Marianela Núñez; en 2018 la obra tuvo un montaje con coreografía moderna (alabada y cuestionada), propuesta por la compañía del BANCH (U. de Chile); en 2022, en el inmediato período de apertura postpandemia del Municipal, se lo presentó con la orquesta que ocupaba media platea, robando protagonismo visual a la danza.

En días muy cercanos se ofreció una serie de funciones de «Giselle» ? Gala Presidencial incluida – en el Teatro Municipal de Santiago, en una producción que bien vale calificar de recargada, dicho en buena y por diversos motivos.

La primera tiene que ver con lo que significó ver en acción está joya balletística tal cual, sin pelos en la sopa ni nada que la ensombreciera. Así, llegó impecable, sobrecargada de ganas de mostrase en plenitud.

«Giselle» posee una estructura única con sus dos actos tan diferenciados: de una luminosa terrenalidad pueblerina inicial transita de sopetón a un mundo espectral y sombrío, con personajes casi intangibles. Lo uno y lo otro gozaron de un desempeño ejemplar de parte de la compañía del Ballet de Santiago, destacando la disciplina a toda prueba del abundante contingente femenino en las largas escenas de las willis.

Pero la sobrecarga que invadió este montaje se hizo ver también, y con mayor fuerza, en el hecho de haberse desplegado tres y hasta cuatro elencos diferentes para los papeles danzantes principales.

Este abanico tan abierto de participaciones solistas, sin duda inédito, complica  a esta columna para citarlos a todos (son casi una veintena), pero valgan estas líneas para elogiar su labor y alentar a la dirección de la compañía a seguir en esa ruta de resultados tan positivos.

Una vez más se lució la escenografía y el vestuario diseñados con tanta calidad y refinamiento por Pablo Núñez.

Por su parte, el apoyo musical de la hermosa partitura de Adolphe Adam a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por Pedro-Pablo Prudencio contribuyó a la buena sobrecarga de este regreso de «Giselle».

 

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