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Título/Pie de foto: Me gastaba dos o tres palos en una noche. Iba al casino o me iba a Iquique, a Rancagua, a Santiago. Cristián Flores
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Autor de la Foto: MOISÉS MUÑOZ
Título/Pie de foto: «Pensaba que había tocado el cielo», dice sobre su vida de jugador de fútbol.
FOTO 3
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Autor de la Foto: MOISÉS MUÑOZ
Título/Pie de foto: Gloria y Cristián se conocen desde niños. Acá, con Kevin.
«Si no volvía con él, Cristián no estaría acá», dice ella
El ex futbolista se farreó los millones que ganó en su carrera, se fue de la casa, pero lo perdonaron.
Samuel Ferreiro
V alparaíso.- «Cuando chico éramos más pobres que la cresta. Vivía con mi mamá en el cerro Cárcel, era hijo único y ella, madre soltera. Mi casa tenía ventanas de nylon. Para la Pascua no teníamos nada, pero todos los días veía que mi mamá pescaba una tabla y la aserruchaba. Después se consiguió pintura. Me hizo una pistola y me la envolvió en papel de regalo. Ahí nació el apodo».
Cristián «Pistola» Flores (42) recuerda con orgullo su pasado humilde en Valparaíso. Su paso por el fútbol, donde jugó por Santiago Wanderers, Everton, Santiago Morning y Colo Colo, en Chile, y Atlante e Irapuato, en México, le permitió sumar varios ceros a su cuenta corriente. Compró casas, autos de lujo y montó tres negocios. «Pensaba que había tocado el cielo porque tenía demasiada plata, pero la plata no hace la felicidad», dice el ex zaguero.
De eso ya no queda nada. Hoy Flores se gana la vida trabajando de estibador en el puerto, llevando bultos a los barcos y desenganchando cargas.»Ando preocupado de no mandarme cagadas. Si ya me las mandé todas, ¿para qué más?», sostiene.
-¿Por qué tantas, Pistola?
-En México ganaba entre 500 y 600 palos en un año. Después del fútbol, perdí lo ganado. Empecé de cero. La gente me juzgó mucho. Me decían: «Te farreaste la plata, tomai copete».
-¿Era carrete y fútbol?
-Cuando jugaba, tomaba y fumaba re poco. Después del fútbol, me fui con todo. Me gastaba dos o tres palos carerraja. Iba al casino o me iba a Iquique, a Rancagua, a Santiago. Arrendaba cabañas, hacíamos asados. Huevié harto y perdí todo: la credibilidad de mi familia y de los amigos. Ahora veo a mis amigos que tienen autos y empresas, paso por el lado y no me dan bola.
Hace dos años, Pistola sufrió una parálisis facial y estuvo cerca de irse por una sobredosis de cocaína. Pesaba 109 kilos, no se afeitaba ni tenía ganas de levantarse de la cama. Se fue de la casa por un mes, se separó de su esposa Gloria Senecal y dejó a sus hijos Kevin (20), Emily (16), Cristián (14), Martín (10) y Vania (7). Ahí se dio cuenta de sus errores.
Gloria (38), su polola de toda la vida y a quien conoció cuando ella tenía 12 años, lo sacó del fango. «Yo sabía con quién me estaba casando. Además yo también era así. Si un amigo estaba necesitado yo le decía que sí, que lo ayudara. Las peleas nunca fueron por la plata. ¿Tú creís que me dolió vender el auto? Yo nací sin auto», se desahoga la mujer.
-¿Por qué crees que cambió?
-Cachó que la estaba embarrando. Por nuestro hijo Kevin también, que venía creciendo. Cambió totalmente, anda de mejor genio. Antes se levantaba mal y era pura pelea.
-¿Por qué decidiste darle otra oportunidad?
-Yo lo conocí a los 12 años y sabía que si no volvía con él, Cristián no estaría acá. Así de duro.
-¿Te sientes en deuda con tu señora, Pistola?
-Más que en deuda. Creo que nunca se la podré pagar. Sufrió más de lo que tiene que sufrir una mujer en el matrimonio. Ella ha sido una gran mujer y me ha aguantado. Hemos tenido dolores fuertes. Mi suegro murió hace dos meses, a mí me dio la parálisis, ella tuvo cáncer al útero. Tiene tratamiento cada 6 meses. Después de todo lo que ha sufrido, tengo que recompensarla y portarme bien.


