Su hijo José fue operado
«Salió hace poco de la operación, como hace 10 minutos. Salió todo bien. La operación duró como cuatro horas», cuenta Gonzalo Cruzat, casi al término de un día de locos, en el que a su hijo mayor, José, se le implantó un desfribrilador interno en horas de la tarde para prevenir arritmias potencialmente graves.
«Hemos dado un pasito, tenemos que ver ahora cómo se comporta», dice el padre del muchacho de 16 años, que hace catorce meses sufrió la muerte de su hijo Felipe, de 11, también producto de problemas al corazón.
«Vamos a seguir con la cadena de oración, a las nueve de la noche, porque no es fácil lo que se viene por delante», dice Gonzalo, que se encomendó a la Virgen del Carmen.
El desfibrilador actúa gatillado frente a la arritmia e impide la muerte súbita o un compromiso severo por episodios causados por problemas asociados al sistema de conducción eléctrica del corazón.
«El objetivo de este tratamiento es retardar la progresión de la enfermedad. Alrededor del 80% de los pacientes tiene una respuesta favorable a este manejo», explicó el doctor Pablo Castro, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Clínico UC.


