Culebreó desde el círculo central hasta el banderín del corner
Es como si hubiese aterrizado un ovni, cuenta vecina sobre cómo quedó el Bramado en San Antonio de Naltahua después del sismo.
El glorioso Bandera de Chile no tiene dónde jugar. Una grieta partió por la mitad su cancha, en San Antonio de Naltahua, un villorrio cerca de Isla de Maipo al que hace poco el camino pavimentado le cambió la vida.
«Es como si hubiese aterrizado un ovni», cuenta Marcela Rodríguez, sentada en las graderías. Su hijo Cristián, un delantero de nueve años, saltó del Bandera de Chile a las inferiores de Colo Colo.
El equipo tricolor tiene laterales «trepadores», pero no serviría de nada.
Los dirigentes improvisaron una cancha más pequeña, hasta con iluminación, para un campeonato de emergencia. La idea es juntar plata para que el campo de juego, a pasos de la medialuna y del club de rayuela, vuelva a tener «estándar Fifa».
Con huinchas de medir, brújulas, GPS, reglas, papel y lápiz, alumnos de geología de la Universidad de Chile hacen un mapa de la gran grieta. «Hay que ver las elevaciones, para determinar cuánto se movió el terreno. Esto es algo que está y a la comunidad, de alguna u otra forma, le va a afectar siempre, aunque después la tapen», cuenta Paula Bruneti, de quinto año. Es obvio que fue el terremoto del 27 de febrero, pero nadie sabe hasta el momento cómo se abrió la tierra. «Hay que ver si esto es algo peligroso o no», advierte César Arriagada, profesor de estos alumnos.
La grieta culebreó más allá de la cancha, hacia el poniente, y dañó casas de la Villa Alegre. Julia Acevedo vive en la que tiene el número 13175 y recuerda cómo, luego del terremoto, se dio cuenta de que el piso de su pieza estaba resquebrajado. «Salimos arrancando. Después vine a buscar algo y me tropecé», explica. En casi todas las paredes tiene imágenes de la Virgen de Lo Vázquez. «El terremoto que hubo el 85 pasó por donde mismo. Esto era un potrero y también se hicieron grietas. Es como si fuera un río subterráneo. Me imagino algo así», aventura.
«Esto fue terrible, oiga», cuenta Luis Espinoza, que se define como «temporero-agricultor». En el piso de su casa las grietas se abren en telarañas. En el living, el refrigerador tiene un autoadhesivo del perro Snoopy con una bandera chilena. Está viviendo en una casita improvisada al frente. «Venimos al baño apuraditos. Menos mal que nos quedó bueno», comenta.


