Agustín Cid maneja él mismo su agenda, precios y estrategia comercial
Atiende los viernes y los sábados: su público es mayoritariamente de su edad y llega a través de las redes.
A los 13 años, mientras Agustín Cid se cortaba el pelo en Osorno, le pidió a su mamá para su cumpleaños una rasuradora. Antes de que llegara el regalo, en la casa de un primo encontró una y le ofreció hacerle un corte. ‘Le dejé la embarrada, pero desde ese momento me gustó pasarla, sentir como se cortaban los pelos', recuerda.
Su máquina llegaría tiempo después. Agustín partió atendiendo a Diego, un amigo del colegio que sigue siendo su cliente dos años más tarde. ‘La primera vez también dejé la embarrada. Pero nunca he parado. Muchos en el camino se plantean en seguir o no; la cosa es que tienes que seguir haciendo lo que te gusta', define.
Mal no lo hacía: los viernes después de clases cortaba en el quincho de su casa por orden de llegada, hasta que un día se vio rodeado de 20 personas haciendo fila ahí adentro. Ese día tomó una decisión: ‘Estaba estresado, no me podía concentrar bien en los cortes. Ahí yo me pregunté a mí mismo ¿esto es para mí o no?'.
Decidió que sí, pero cambiando el sistema: empezó a anotar las horas a mano. Hoy tiene agenda propia, atiende los viernes desde las 4 de la tarde y a veces termina a las 11 de la noche; los sábados y en vacaciones de corrido. En el reel que lo hizo viral la semana pasada partió a las 10 y terminó a las 6: 10 cortes a $10.000 cada uno, más cejas, en una jornada que superó el millón de visualizaciones y le dejó más de $100.000 de rédito (@barber_raspu en Instagram, https://acortar.link/uV2LO9).
Factor diferencial
Su salto en las redes tampoco fue por azar. Al primo del primer corte le hizo después un video donde el resultado quedó a medias: lo subió narrando lo que había pasado y se viralizó. De ahí en adelante se tomó las redes en serio: en paralelo a los 8 cursos de peluquería que lleva (entre ellos el inicial, colorimetría, tijeras y rizos permanentes) tomó otros de manejo de redes sociales y uno específico para crear videos virales El negocio lo maneja él: agenda, precios y estrategia comercial sin ayuda externa. Le llegan clientes de otras ciudades que viajan hasta Osorno para que los atienda. ¿Cuántos cortes ha hecho? ‘Si te digo una cifra te mentiría, pero son muchísimos'.
A la pregunta de cuánto puede ganar un barbero de 15 años, la respuesta de Agustín es categórica: ‘Lo que se proponga'. Su mamá le dio el visto bueno para profesionalizarse con la sola condición que no descuidara los estudios. En el colegio le va bien y proyecta estudiar Ingeniería Comercial para montar una cadena nacional de barberías.
‘Con 15 años puedo aprovechar bien las redes sociales. Para que la gente se quede en tu video debes tener un factor diferencial. Y como yo tengo 15 años y trabajo, ese es un factor diferencial y la gente se queda viendo', plantea.
Habla de ‘factor diferencial' como concepto técnico. ¿Dónde lo aprendió?
‘Es el gancho, el hook. Los primeros segundos del video debes tener tu gancho. Yo ocupo el factor diferencial como el gancho, eso lo aprendí en un curso. En general, tengo clientes de mi edad porque son de mi círculo social y mi público es un montón de gente de mi edad'.
¿Sigue yendo al colegio?
‘Sí, eso hay que aclararlo, porque en los videos me dicen ‘oye, ¿cuándo va al colegio este chico?, ¿y al día siguiente de los cortes cómo le fue?'. Yo voy al colegio, estudio todavía y voy a seguir estudiando. Me va bien. Solamente corto cuando puedo'.
¿Qué estrategia de mercado usó con los precios?
‘Me mantengo en $10.000 solamente porque hay gente que dice ‘oh, este chico tiene 15 años, para eso me voy donde otro barbero con más años de experiencia'. Pero la gente no sabe que tengo más cursos que varios barberos. Es por un tema de edad y para cuidar a mi clientela, para cuidar a mis amigos'.
¿Ya no necesita mesada?
‘No, para nada. Mis papás me daban mesada antes, cuando era bien chiquitito. Me he instruido para avanzar económicamente. Antes de la barbería yo vendía miel, lo que se cruzara'.
Alma de comerciante
Marlies Coronado, mamá de Agustín, cuenta que la autorización para trabajar no fue una conversación formal: ‘Se fue dando todo de a poquito. Nos dimos cuenta cuando ya empezó a usar más las redes sociales'. Ella trabaja en servicios financieros en teletrabajo y revisan la planificación académica a través de SchoolNet, la aplicación del colegio. ‘Él se planifica una semana antes. Ese fue el compromiso. Si rinde positivamente, va a tener siempre más tiempo para poder ejercer la barbería'.
Atribuye parte del éxito de su hijo a su cercanía con los clientes. ‘Atiende a niñitos chiquititos que lo siguen en las redes sociales. Llegan por primera vez con la mamá y él les pregunta: ‘¿qué te gustaría hacerte? ¿Tienes alguna foto?'. En el fondo, es como lo atendían a él en la barbería cuando era chiquitito'.
La veta comercial, asegura, no nació con la máquina de cortar pelo. ‘A los 5 años él inventaba cuentos, hacía los dibujos y los vendía. A los 8 años se compró su PlayStation con los ahorros que él tenía. Después la vendió e hizo mucha más plata. Siguió juntando con sus ventas de miel, ahí ganaba harto; después se compró una bicicleta para hacer enduro, la vendió, se compró una moto, un scooter. Va haciendo plata con las cosas que le gustan. Esta alma de comerciante la tiene desde muy chiquitito'.
Como esponjas
El barbero Marcelo Villegas, formador y amigo de la marca Barbería Pichara, dicta seminarios y no le sorprende el caso de Agustín Cid. ‘He tenido alumnos desde los 13 años', cuenta. A su juicio, no hay edad para empezar en el rubro: ‘Lo importante son las ganas de aprender. Al ser más pequeños son como esponjitas, absorben el conocimiento mucho más rápido'.
Sobre el precio que cobra Agustín, Villegas lo ubica dentro del mercado: ‘Una persona que parte en esto puede partir cobrando desde 10.000 a 21.000 pesos; depende del espacio donde trabaje, la técnica que tenga y qué tan llamativo sea para las redes sociales'. Eso sí, pone un alerta para más adelante: los servicios químicos como colorimetría o rizado permanente exigen formación rigurosa porque un error puede provocar daño capilar grave.


