León Paz Tchimino ex dueño de La Polar hasta el año 1999
León Paz Tchimino tenía 27 años cuando compró una sastrería vieja que hacía trajes de huaso en Alameda 2812, Estación Central. Se llamaba La Polar y era octubre de 1956. Hacia fines de los 90 el local de la foca que jugaba con una pelota había crecido: ya era una multitienda, con 12 locales y cuatro mil empleados, pero la crisis asiática ahogó económicamente a Paz y en 1999 se vio obligado a venderle todo al fondo de inversiones Southern Cross.
«Eso provocó una fuerte depresión en mi señora, que no se le pasa todavía, porque ella vio que yo me chupé. Yo no reaccioné con gritos ni con violencia. Yo entré en una especie de crisis de dolor y mi hijo tuvo que hacer toda la negociación. Y fui sintiéndolo día a día, año a año, hasta que se me pasó. Lo sentí mucho, porque yo inventé esa tienda», dice Paz, hoy de 82 años.
Paz está jubilado, pero no inactivo. Pinta, va al gimnasio, tiene Facebook, es rotario y sus ocho nietos y ocho bisnietos le quitan harto tiempo. Ha seguido paso a paso la actual crisis de la multitienda, generada por un ardid llamado «normalización»: consistía en repactar sin permiso las deudas de los clientes morosos, con intereses que llegaron a cuadruplicar el monto original. La primera reacción de la empresa fue despedir a Julián Moreno, gerente de productos financieros y antiguo empleado de Paz.
«Yo soy ingeniero civil. ¿Cómo llegué a La Polar?», dice, lanzándose a los recuerdos. «Fue un problema de malos tiempos en la construcción. Era la época de Ibáñez y hubo una contracción económica. Entonces me dediqué a buscar otra cosa y buscando por ahí me llamó un señor y me dijo que él tenía una posibilidad para mí, que era buena. Era el dueño original de La Polar, que había quedado viudo y se había vuelto a casar, pero la que llevaba el negocio era su mujer, entonces él encontró que era una falta de respeto el trabajar en la tienda con otra esposa. Me dijo ‘hazte cargo, págamela como puedas' . Yo la miré estratégicamente, hice mis cálculos de flujo y dije ‘esta cuestión debe ser una mina de oro, pero está mal trabajada' , porque el señor que la atendía estaba todo el día echado sobre el mesón leyendo El Mercurio. o Las Últimas Noticias (ríe). Si entraba el huaso, bien. Si no, bien. No había publicidad. Yo el primer año me gasté el 30 por ciento de la venta en publicidad».
-¿Ahí nació la foquita con la pelota?
-Claro, la foquita la hice yo, el «no te aflijas, mi negra» lo hice yo. Hay otro jingle que no pegó tanto que decía «ha llegado el Año Nuevo y liquida La Polar.». Era un rock, pero el otro fue una locura. La primera grabación la hizo la Orquesta Huambaly.
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-Usted no conoce la Huambaly. Era una orquesta muy famosa que había de ritmo tropical. Hubo radios que no me la aceptaron.
-¿Por?
-Porque era rasca. La agencia de publicidad que yo tenía tampoco la quería, entonces fui directamente a hablar con un señor de la radio Nacional, le expliqué y me dijo «yo te la reparto, no te preocupes». Después la hice en cine, en monos animados. La pasaban en los teatros, en el cine. Televisión no había mucha.
-Ustedes también daban créditos.
-Nosotros partimos con la política de otorgar crédito a personas de escasos recursos, pero pedíamos unas condiciones distintas. Pedíamos un pie, que era un 30 por ciento del valor, y el resto lo pagaban en diez meses. El que no pagaba, bueno, no pagaba, no había nada que hacer. Había que cobrarle de cualquier manera, pero no había renegociación como están haciendo ahora. Además, por lo que yo sé, cuál es la gracia de la renegociación en circunstancias que el gallo que no paga, no paga: no va pagar ni 500 mil que debe, ni un millón y medio que le cobran. Es una cosa ridícula. Eso es para mejorar los balances solamente para efecto de inyectarle poder a la empresa, pero es un poder podrido.
-¿Qué le pasa cuando ahora la gente dice «La Polar, llegar y estafar»?
-Eso es doloroso, escuchar versiones ofensivas. Hasta un diputado (José Manuel) Edwards gritó»La Polar es llegar y robar, llegar y bicicletear, llegar y encarcelar». No sé que diputado es, Edwards, un cabro joven, pero no debe ser del grupo C4 ni D. Si hubiera sido Falabella no lo habría dicho; lo dice porque es La Polar. La Polar siempre paga los platos rotos, porque es una empresa que se ha encumbrado tanto… La Polar como empresa comercial es estupendamente buena, pero resulta que ahora estaba sin dueño, entonces quién más, quién menos, quería sacarle el jugo. Lamento notablemente lo que sucedió con La Polar, no hay excusas para quien lo hizo. Deberían pagar bien pagado. Para mí es muy caro el hecho de haber creado el eslogan «llegar y llevar» y que digan «llegar y robar». Eso es ofensivo para mi persona, pero en la parte afectiva, por mí, que se vayan todos presos. Eso no se hace, ni menos con el estatus de gente con la cual siempre trabajé yo, estratos C o D, lo más popular.
-De lo que ha visto en estos días, ¿qué ha sido lo más fuerte?
-Lo más fuerte es haber tenido algunos empleados que siguieron en La Polar habiendo sido despedidos por mí por mal comportamiento. Si este comportamiento no es nuevo, si los pillos siguen siendo pillos.
-¿Se refiere a estas artimañas para repactar?
-Claro, este invento de las cuentas atrasadas y reajustadas en ciertos valores. Que un gallo que debe cien pasa a deber un millón y medio es un invento de uno de los cabezas que hay ahí y con conocimiento de la gerencia. No puede ser que una cosa tan grave y tan grande como ésta lo haya hecho por su cuenta. Si lo hizo es para poder incrementar las utilidades de La Polar y recibir un bono más alto. Los que no lo están son los que no reciben ni cobre, pero ahí están todos en conocimiento, desde capitán a paje. De los que yo conozco hay un solo hombre que yo creo que es cien por ciento honrado y que ha puesto la cara en todas partes. Saúl Leder se llama (gerente de ventas), él trabajó conmigo muchos años.
-¿Cree que César Barros lo va a hacer bien?
-Ese gallo sí, es muy autoritario. Es un gallo drástico, es aperrado. Ya consiguió 200 millones (de dólares) en una reunión y con eso va a sacar a La Polar adelante. Si al final esto se arregla porque resulta que están los millones de las AFP, no pueden dejarla caer.
-¿Qué opinión tiene de Pablo Alcalde?
-No tengo mucho roce con Pablo Alcalde. Tuve discusiones pero por problemas complementarios, de valores de arriendo, porque las propiedades que tenía en San Diego, en la Alameda, eran mías. No sé como es él.
-¿Ha ido, por curiosidad, a vitrinear a alguna de sus antiguas tiendas?
-Nunca he pisado una tienda de La Polar desde mi salida. Fue muy fuerte la frustración, porque no es algo que haya comprado y vendido como un objeto. Fue algo que lo fundé, lo realicé, fue el esfuerzo de una vida entera. Se formó una linda familia, tuve la oportunidad de entrar en círculos a los cuales no habría podido entrar, el Club de Golf, el Rotary Club. Fui siempre muy bien acogido y ahora más que nunca. Todos me llaman para decirme «oye, menos mal que no estai metido en ese lío, porque habría sido fea la situación».
«Eso no se hace, ni menos con el estatus de gente con la cual siempre trabajé yo, estratos C o D, lo más popular», dice sobre las repactaciones.


