«Hay gente que prefiere no decir su punto de vista y eso es nefasto»

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Polarización en las universidades: investigador Roberto González advierte riesgo de censura de ideas

Si no lo logramos educar acá, nuestros egresados pueden vivir una complejidad mayor, advierte. 

Roberto González, doctor en Psicología de la Universidad de Kent e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES UC), lleva 25 años estudiando temas de sicología política relacionados con convivencia ciudadana y voto. También aborda la influencia de los partidos políticos en universidades, un fenómeno del que advirtió el sociólogo Alberto Mayol (LUN 28/01).

«En las universidades se han gestado los principales cambios a los sistemas: es un espacio privilegiado para que aprendas a discernir, discutir y analizar con evidencia. Por eso las universidades que se polarizan son un tremendo problema. Los líderes, cuando aprenden a funcionar más polarizadamente, se ponen mucho más intolerantes», opina el profesor González.

«Cuando hablamos de polarización, nos referimos a cómo se distancian las visiones sobre ciertos temas», aclara. «Es más común de lo que uno cree. Los entornos universitarios estamos habituados a escuchar posiciones contrapuestas; el problema surge cuando la posición que un grupo adopta la perciben como verdadera, y cualquier idea distinta es una amenaza».

El paso siguiente, advierte, es la censura: «Aquí nadie puede hablar de estos temas porque no está permitido. Ahí hay un problema mayor».

¿Esa censura existe hoy?

«Hay temas que polarizan más. Cuando tuvimos, por ejemplo, el movimiento feminista, se transforma en un problema de polarización si hay grupos que pujan por imponer ciertas posiciones. En el uso del lenguaje inclusivo, hubo comunidades que querían obligar a personas de otras generaciones a hablar de cierta manera. Si en mi grupo de referencia se empieza a hablar en lenguaje inclusivo, lo más probable es que todos van a interpretar que está bien hacerlo. Llega un punto en que el que no lo habla, está rompiendo una norma».

¿A quién le sirve la polarización?

«A quien tiene objetivos políticos ¿Cuál es el riesgo? Deteriora la base fundamental de la política, que es la confianza. Si no confías en tu adversario, se transforma en tu enemigo».

¿Cómo afecta en la universidad?

«Puede contribuir negativamente a romper este elemento cohesionador de la universidad, porque si empiezas a desconfiar de personas que piensan distinto a ti, lo más probable es que vas a terminar separándote de ellas. Y cuando segregas, creas un caldo de cultivo para los conflictos».

¿Como académicos que no quieren trabajar con otros?

«Por ejemplo, puede restringir la colaboración, que es una de las primeras cosas que se afectan. O estás en la sala de clases -ha pasado- y que los alumnos digan ‘yo no quiero trabajar con esta persona, porque no concuerdo con sus ideas'. Estás formando gente que va a administrar personas: ¿qué harán cuando tengan subordinados que piensan distinto? Si no creamos valores normativos vamos a tener problemas».

En la universidad, dice González, hoy se lidia con la polarización de diversas maneras: «Hay gente que prefiere no decir su punto de vista y eso es nefasto, porque atenta contra los principios de la democracia, donde se supone que uno puede expresar todas sus opiniones».

¿Eso está pasando?

«Eso se observa y ha sido común en la historia de las universidades. Mira lo que está pasando en Estados Unidos: el conflicto entre Israel y Palestina ha creado una tensión gigantesca en la comunidad universitaria y le costó la destitución a dos rectoras, de las universidades de Harvard y Pensilvania».

¿Por qué fueron destituidas?

«Una comisión del Senado les preguntó si las protestas estaban atentando contra la convivencia universitaria. Una rectora fue muy ambigua, y la otra tampoco fue clara en decir son intolerables las conductas que expongan a cualquier estudiante por sus ideas religiosas, políticas, por su orientación sexual o cualquier otra condición».

¿Qué medidas se deberían tomar?

«Las universidades han hecho esfuerzos muy sustantivos en tener mecanismos normativos, reglamentos que regulen la convivencia. Uno necesita normas que promuevan la apertura de nuevas ideas, que se genere un debate con posiciones contrapuestas en un ambiente respetuoso, donde puedas plantear lo que piensas. Otra dimensión, que hemos estudiado por años en nuestro laboratorio, es promover el contacto positivo con miembros de grupos políticos distintos al tuyo. Lo que dice la evidencia es que así obtienes actitudes de más confianza, respeto y valorización del otro . Si sólo te juntas con gente que piensa como tú, se produce un fenómeno llamado la cámara de resonancia: te empapas de las ideas de lo que piensa tu sector, pero eres impermeable al resto».

¿Hasta dónde puede llegar la polarización?

«Cuando es extrema, corres riesgo del quebrantamiento del sistema democrático, en un sentido amplio. Una universidad que pierde el control puede terminar con autoridades que no están legitimadas y, por tanto, se produce una anomia brutal, cuyo principal riesgo es el autoritarismo».

¿Cuál es el rol académico acá?

«Dar señales claras de que en la universidad uno puede expresar sus ideas, con respeto. Si no lo logramos educar acá, nuestros egresados pueden vivir una complejidad mayor. La universidad tiene una tremenda responsabilidad».


«Hubo comunidades que querían obligar a personas de otras generaciones a hablar de cierta manera» Roberto González

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