Guillermo Vieiro perdió la vida el 28 de enero de 1985, cuando tenía 44 años
La palabra montaña estuvo prohibida siempre en mi casa, dice una de ellas.
La abogada Azul Vieiro Magaz (44) está en Buenos Aires con una laringitis aguda que casi la deja muda, por el cambio de clima de Mendoza a la capital federal. Viene llegando de una dura expedición de ocho días al volcán Tupungato (6.570 metros), en que junto a su hermana Guadalupe (40) rescataron la mochila de su padre, Guillermo Vieiro, que afloró entre los hielos, luego de su muerte el 28 de enero de 1985, cuando tenía 44 años.
El cuerpo del deportista, junto con los restos de Leonardo Rabal, el otro fallecido, fue rescatado poco después de su muerte.
Azul, Guadalupe y Rodrigo (47), el otro hermano, sintieron un reencuentro con parte de su propia historia.
El 2024, mientras realizaba una excursión al Tupungato, la montañista y guía mendocina Gabriela Cavallaro le llamó la atención una mochila azul entre los hielos, le sacó fotos, aunque no pudo sacarla por las difíciles condiciones de ese momento y porque estaba en un lugar difícil de acceder. Pero de inmediato supo que era la mochila de Guillermo Vieiro.
«Estaba como soldada al hielo», recordó ante la prensa después Cavallaro, quien se contactó con las hijas de Vieiro, las que se propusieron rescatar la mochila, para lo cual debieron reunir recursos y superar varias dificultades.
Entre el 14 y 25 de febrero ascendieron hasta dar con la mochila.
¿Qué encontraron? Azul lo detalla. «Su campera (casaca), su bolsa de dormir, una cantimplora, aspirinas, vitamina C, un aislante, un juego de cuchillos y dos rollos de (película) Súper 8», dice.
Guadalupe, sin embargo, confiesa que le hubiese gustado encontrar algún registro escrito. «La verdad me hubiese gustado encontrar palabras de mi viejo», dice. Aún así, el contenido le genera alegría porque es como «recuperar parte de él».
La experiencia fue registrada por la cineasta Melina Tupa que lo convertirá en un documental y Azul no descarta que también haya un libro.
Por ahora, la expedición dejó una placa conmemorativa en Mendoza cuyo título dice «Expedición Tupungato en busca del Tesoro Perdido» y que en parte dice que «en febrero de 2024 la mochila del «Domador del Aconcagua emergió de entre los hielos y las nieves eternas del Tupungato. El calentamiento global hizo lo suyo para que aquello que estuvo congelado durante cuatro décadas hoy estuviera visible».
Azul agradece la gran ayuda del arriero chileno Ismael Ortega, junto con Bastián, que los ayudaron a llegar al lugar vía San José de Maipo.
Palabra prohibida
Guillermo Vieiro, según el Centro Cultural Argentino de Montaña (CCAM), comenzó su relación con el andinismo a los 20 años, escalando las agujas del Catedral, en Bariloche.
También subió las cinco rutas del Aconcagua, de ahí su apodo de «Domador del Aconcagua».
Además, integró la tercera y cuarta expedición argentina al Everest, en los Himalayas, entre otras cumbres, hasta su muerte.
Azul cuenta que «mamá, después de la muerte de papá, ya que esto ha sido una gran tragedia, no quiso volver a saber nada con el mundo del andinismo». Por eso entiende que parte de la familia se restara de la expedición que realizaron los hermanos Vieiro Magaz.
«La palabra montaña estuvo prohibida siempre en mi casa y, a raíz de este hallazgo, mi hermana y yo pusimos manos a la obra», explica Azul.
«Después de una historia tan trágica, de dolor, de vacío, siempre de muerte, de culpas, es resignificar esto y transformarlo en una celebración de la vida de mi padre», confiesa.
Asegura que ya de mayor entendió la dimensión de su padre en el andinismo, «incluso ahora me voy enterando de cosas de él, como que fue atleta olímpico».
Insiste en que la historia de la muerte del andinista es «muy oscura», pero «me di cuenta de que lo que fui a hacer a Mendoza, sin saberlo, era poder empezar a escribir yo mi historia, como su hija».
Azul no esconde su compromiso especial con su padre, al punto que el CCAM reproduce los siguientes versos de ella para Guillermo: «Demasiado apasionado para esta vida/ mirabas todo el tiempo para arriba / nos dejaste tu cuerpo para soñarte / y llevaste tu alma a donde pertenece».


