La barbería del colombiano Andrés Hoyos fue fiscalizada
Solo cuando supo que había fiscalizadores en el sector, salió corriendo a pagar la patente. Soy un man honrado, dice.
«Cerramos una de estas barberías y hoy mismo procederemos a su clausura definitiva ya que ni siquiera tiene patente», informó al término del operativo el alcalde Germán Codina, quien adelantó un severo control a estos negocios.
«Vamos a continuar fiscalizando, porque hay algunas barberías que sorprenden por el nivel de sus instalaciones, sobre todo porque pasan su actividad comercial como microempresa familiar», comentó el jefe comunal, quien pidió investigar varios de estos lugares «para ver si ocultan alguna actividad criminal».
Pero esa no fue la única sorpresa. Otro de los locales fiscalizados resultó estar relacionado a un peligroso delincuente de origen ecuatoriano. «Esa persona ya está detenida por la PDI y el ministerio público lleva adelante la investigación correspondiente y aunque como municipio no tenemos cartas en ese asunto, sí esperamos que el actual sistema garantista no deje libre a un delincuente de ese peso», comentó el alcalde.
Eso sí, tal como prometió ser «implacable» con aquellos comercios que no se ajusten a la ley, Codina recalcó que los emprendedores que cumplan con la normativa vigente, no tienen nada de qué preocuparse.
«Estas fiscalizaciones son para evitar el lavado de dinero, no contra los emprendedores, porque hay muchas barberías funcionando perfectamente en regla y no existe ninguna duda sobre el objetivo de su funcionamiento».
«Por un pelo»
De los locales fiscalizados, el único que pasó la prueba, fue el de Andrés Felipe Hoyos, emprendedor colombiano que vive hace 11 años en Chile, siete al mando de su propia barbería.
Sin embargo, satisfacer a los fiscalizadores no fue cosa fácil para él. «Recordé que este año no había pagado la patente de la barbería, al mismo tiempo que por la tele me enteré que las autoridades venían para acá», confiesa.
«Soy un man honrado, pero a veces, igual que los chilenos, voy dejando las cosas para después y se me terminan olvidando, por eso cuando supe que venían los fiscalizadores, cerré la barbería y me fui corriendo a pagar la patente a la municipalidad», cuenta más relajado, tras conseguir el preciado documento solo «un pelo» antes de que los fiscalizadores entraran a su local.
«Tuve suerte, porque no había fila para el pago de patentes, así que todo fue muy rápido y alcancé a regresar al negocio y mostrar todos mis papeles», cuenta el hombre, quien pide no generalizar.
«Quiero a este país, pero a veces el trato de los chilenos pude ser algo duro con los extranjeros, lo que causa pena», asegura.


