Lester Eguiluz, de 23 años, siguió los pasos de su padre, abuelo y tío que también son camioneros
Sus padres le pidieron que terminara una carrera antes de conducir. Ahora quiere acumular experiencia para transportar combustible y carga sobredimensionada.
«La primera vez que conduje un camión fue a los 15 años. No lo hice antes porque era más chico y no alcanzaba los pedales, pero apenas pude lo hice», cuenta Lester Eguiluz Machuca. Tiene 23 años, es técnico en informática, pero lo único que quería hacer desde niño era manejar camiones por todo Chile.
Dice que el gusto por andar arriba de un camión lo lleva en la sangre. Su abuelo, su papá y uno de sus tíos son camionero, por eso creció en la cabina de un camión.
«Me tocó salir muchas veces acompañándolos. El viaje más largo fue a los 18 años cuando acompañé a mi tío hasta Arica. Fui a aprender y a conocer», relata.
Sin embargo, no le fue tan fácil querer seguir su vocación porque sus padres le exigieron primero estudiar alguna profesión formal, previo a sacar la licencia clase A5 que le permitía dedicarse al rubro del transporte a partir de los 20 años. Querían antes «el cartón». Eguiluz estudió técnico en Informática con mención en ciberseguridad en Enac, trabajó un año como especialista en el rubro hasta que no aguantó más.
«Los camiones me gustaban más. Me gusta la informática, pero no eso de estar encerrado y con un computador. En camiones se sale harto, se va a distintos lugares, un día o una semana estás afuera de la casa. Conoces hartos lugares, conoces todo Chile. Me gusta la ruta y conocer gente. Te saludan y te tocan harto la bocina», cuenta Eguiluz, quien lleva poco menos de un año tras el volante de un tractocamión del centro de distribución Transportes Nazar en Santiago.
Consiguió su primer empleo a los 22 años transportando carga para supermercados.
«En ese trabajo llegué hasta Iquique. Al principio me asustaba un poco porque antes iba de acompañante y no me acordaba tanto del camino, pero no tuve ningún problema», recuerda.
Le costó encontrar trabajo porque la gran mayoría de las ofertas laborales exigen tener experiencia y mayor edad.
«No todas las empresas dan la oportunidad para partir, falta que den el espacio sobre todo a las personas de mi edad. Hay muchos que quieren entrar al rubro, pero no tienen experiencia, yo estuve más de un año buscando», cuenta
¿Qué le dijeron sus padres cuando decidió ser conductor?
«Lo tomaron bien, me pidieron tener una carrera, una opción en caso de apoyo para más adelante, pero la decisión era mía. Si toda mi familia es camionera».
¿Sus parientes le dieron algún consejo para conducir?
«Que me tomara todo con calma, nada de andar apurado porque uno lleva entre 25 a 30 toneladas de carga. No es lo mismo que manejar un auto, que cuando pisas el freno se detiene rápido. El camión se demora un tiempo. Y me enseñaron a tener los ojos atentos para todos lados porque se cruzan autos de la nada. Siempre ando con calma, nunca ando apurado porque un choque puede ser mortal».
¿Ha podido conocer Chile?
«Sí, pero igual es súper arriesgado porque uno no puede parar en cualquier lado porque va con carga. Cuando pasé por el desierto florido, me pude bajar un tramo corto para tomar unas fotos y seguir con la ruta».
¿En qué rubro le gustaría trabajar en el futuro?
«Quiero tener la mayor experiencia que pueda para dedicarme al transporte de combustible y carga sobredimensionada. No cualquiera puede llegar a eso porque es un tipo de carga especial».
¿Es mejor sueldo también?
«Sí, porque depende del tipo de carga que lleves. Pero ahora gano más que siendo técnico en informática. No era bien pagado, ganaba poco más del mínimo y como conductor se puede ganar más de $1.000.000. Por ese lado lo veo yo».
¿Quiere tener su propio camión?
«Todavía no porque estoy recién empezando, pero es un sueño tener camioncito propio y tenerlo bonito. El camión que tengo ahora es de la empresa, lo puedes personalizar siempre y cuando no influya en temas mecánicos, pero no he podido porque no tengo camión fijo. Ahora me subo a uno y no tiene olor a nada, pero antes tenía uno con aromatizador de naranja. Los que tienen un camión lo tienen muy bonito».
¿Cómo le gustaría tener su camión?
«Con adornos, ordenado, con buen aroma a naranja. Hay gente que pone luces en la cabina para entrar en ambiente, me gusta también. Prácticamente el camión es la casa de uno, no es la idea andar en uno todo cochino y hediondo».
Usted es joven, ¿no le incomoda manejar largas distancias y no estar pendiente de las redes sociales?
«No, hay que disfrutar el paisaje. Cuando salgo disfruto el paisaje, encuentro bonito verlo. Cuando me deten- go a comer algo me meto al teléfono para ponerme al día».
¿Piensa alguna vez retomar la informática?
«Si, más adelante seguramente. Tengo pensado sacar la ingeniería si se da la oportunidad, pero mucho más adelante».
Tradición familiar
«No esperaba que mi hijo quisiera ser camionero, pero él tiene pasión por manejar. No es tanto por el dinero, manejar lo relaja, igual que a mí», dice Lester Eguiluz Rojas, quien también es conductor de Transportes Nazar.
El padre del joven confirma que con su esposa quisieron que estudiara una carrera antes de irse a la carretera. «Le pedimos tener un título porque es un arma que puede tener para el futuro. Ya sabe manejar, pero con una profesión puede tener más armas para desempeñarse y trabajar tranquilo», cuenta.
Eguiluz Rojas tiene 53 años, pero recuerda que partió a los 15 años manejando, muy parecido a su hijo.
«Mi viejo también era camionero, pero no me enseñó, yo le sacaba el camión escondido. Después se dio cuenta, pero yo aprendí a manejar escondido», recuerda.


