Fue súper fácil tomar el proceso de la cocina y cambiar gente por máquinas, cuenta Rodrigo Escobar
Creó Fagotto luego de optimizar un concepto de comida al paso que conoció en Venecia.
Titulado como ingeniero en automatización de procesos, Escobar siguió un camino muy diferente al que ejerció durante 15 años en la minería: «Lo que hacía era automatizar los compresores de hidrógeno y las turbinas a vapor de la refinería. Debo ser uno de los pocos especialistas en Chile que ven esa área».
Suena complicado.
«Mientras estudiaba, la empresa donde trabajaba traía a los especialistas de Alemania, Brasil, México, Venezuela y Estados Unidos a un costo muy alto, hasta 8.000 dólares diarios. Con ellos empecé a aprender todo el proceso; cuando ya estaba preparado me pasaron el cargo y la responsabilidad de gestionarlo».
Tras 15 años en minería, decidió salirse: «Demanda mucho tiempo, pero los sueldos eran bastante buenos y me dediqué años a juntar capital». Luego incursionó en varias áreas: un lavado al vapor para vehículos de alta gama y una empresa de blindaje, hasta que en un viaje a Venecia vio locales de pastas al paso, los encontró lentos y pensó cómo optimizarlos.
Así concibió la idea de Fagotto, que perfeccionó durante meses y para la que reclutó como socio a Matías Melo. «Mi idea fue crear un concepto de restaurante que no necesite a un chef ni mano de obra especializada, automatizando el proceso dentro de la cocina. Eso lo estudiamos por seis meses y nos resultó muy bien: logramos fabricar cartillas industriales de pasta en espacios muy reducidos».
¿Cómo lo hizo?
«Toda mi vida me he dedicado a inventar o desarrollar máquinas que no hay en el mercado. Para mí fue súper fácil tomar el proceso de la cocina y cambiar gente por máquinas; aunque tenemos personas trabajando no son las que fabrican la pasta, sino que es un proceso súper controlado».
En su carrera no se aborda tanto el lado comercial: ¿eso de donde le viene?
«Antes de entrar a la minería trabajé con mi padrino en una funeraria y aprendí la parte comercial. Y antes de eso, a los 15 años, partí vendiendo en la calle, en el año 98, en una empresa en la que te mandaban a la calle a vender productos puerta a puerta: se me desarrolló el tema de la venta desde muy chico».
¿Qué vendía en la calle?
«El monito del Mundial del 98, el de Francia, que me acuerdo que bailaba; pelotitas con música, sartenes, picadoras de verduras. Era una empresa media rara, te mandaban a vender lo que fuera a la calle y te daban el 20% de la venta.»
Fagotto ha crecido rápidamente: ¿cómo ha ayudado la automatización?
«El bajo costo de la producción es lo más importante, con una buena calidad. Teniendo un proceso controlado, eso se logra. Si pongo un chef en cada cocina o en la cocina central sería mucho más alto, así logramos mantener los costos muy bajos y traspasar eso a los clientes».
¿Qué fue lo más importante que aprendió en su carrera para aplicar aquí?
«Las máquinas de pasta las trajimos de Italia y empezaron a fallar por un tema de diseño. Las desarmamos e hice una reingeniería en temas de velocidad y fuerza. Conversamos con la empresa que las fabrica y les mandamos la ingeniería desde acá para que las pudieran adaptar a lo que nosotros necesitábamos».
Manuel Herrera, jefe nacional de especialidad de la Escuela de Construcción e Ingeniería de AIEP, explica que la Ingeniería en Automatización se aplica a procesos industriales, control y todas las áreas que usen tecnologías avanzadas para transformar la industria en sistemas productivos de calidad.
¿Áreas de trabajo? «Robótica, inteligencia artificial, nubes de información, internet de las cosas, arquitectura de redes, instrumentación y todo lo que se necesite en la implementación, gestión y operación de sistemas automatizados», detalla.
¿Cuál es el panorama laboral?
«Está en constante crecimiento: la empleabilidad de los egresados al segundo año es aproximadamente 92% y en aumento. El rápido avance tecnológico en el área de la automatización e inteligencia artificial propicia un constante requerimiento de capital humano especializado».


