Estoy agradecida de todas dice Nicole Santana, quien perdió a su mamá por un cáncer
Un matrimonio la ayudó con los estudios y mantuvo el lazo. Gracias a eso hoy es cabo segundo de la Fach, tiene una hija y casa propia.
El Servicio Nacional de Menores (Sename) -hoy Mejor Niñez- se hizo cargo de ella y desde los 11 a los 18 años pasó por diez familias de acogida.
Cuenta que creció escuchando comentarios como que no iba a llegar lejos, que niños como ella no tenían vuelta. Pero hoy, a sus casi 30 años, Nicole Santana dice que se siente plena, que por fin tiene la vida que siempre soñó: es mecánica en aeronaves y cabo segunda de la Fuerza Aérea (Fach). Vive en Punta Arenas junto a su hija pequeña, en la casa que compró cuando tenía 26 años. «Soy una sobreviviente del Sename», se autodefine.
Nicole decidió contar su historia porque a pesar de haber sufrido con cada cambio de casa, agradece haber pasado por ellas. «Las familias de acogida significan oportunidades. Estoy agradecida de todas. Hay familias que por muy biológicas que sean, no son lo mejor para uno».
¿Cómo llegó al Sename?
«Mientras mi mamá estaba desahuciada conocí a Claudia, una señora que me iba a adoptar. Mi mamá dejó eso arreglado. Me fui a vivir con Claudia, pero el Sename determinó que ella no estaba apta. Ahí entré en el sistema. La idea era que yo volviera con la familia de mi mamá o que fuera adoptada».
¿Qué pasó?
«Cuando el Sename hizo la investigación a mi familia materna se dio cuenta que ahí había muchas vulneraciones de derecho, alcoholismo, violencia. Al papá de mi hermana tampoco lo dejaron hacerse cargo de mí porque no había lazo de sangre. Durante muchos años no vi a mi hermana. Fue muy shockeante. Perdí todo».
¿Cómo fue llegar a una familia de acogida?
«En ese entonces, estaba estipulado que cada seis meses a mí me tenían que cambiar de familia para no formar lazos afectivos, porque esas familias no eran las que me iban a adoptar. Fue un proceso muy difícil de aceptar porque no tenía a nadie y conocer el cariño de hogar sí o sí me hacía encariñarme. Aunque en su momento el sistema haya sido un poco cruel -ahora no funciona así- me brindó ese cariño de hogar. Yo nunca estuve en una residencia. No es lo mismo vivir con profesionales que tener una figura materna personalizada, preocupada».
Fueron diez familias distintas.
«Sí. Había matrimonios solos y familias con hijos. Siempre fueron un amor. Hubo algunos que les costó lidiar con mi adolescencia, con esa rabia que sentía, pero lo intentaron y lo agradezco. La impotencia de haberlo perdido todo combinado con la adolescencia era difícil».
¿Cómo afrontó los cambios constantes?
«Las primeras familias fueron muy dolorosas. Lloraba a mares porque no los quería dejar, rogaba para quedarme. Ese dolor me duró hasta la cuarta familia. Después tuve que ser corazón de piedra y cuando llegaba a las familias no desarmaba las maletas, vivía encerrada en la pieza. Aprendí a sobrevivir más que a vivir. La última familia fue clave, me ayudó a cumplir mis sueños».
¿Por qué?
«Los conocí a los 14 años. Me recalcaban que aunque yo me fuera de la casa, ellos iban a seguir apoyándome. Me ayudaron con los estudios. Se formó un cariño muy bonito. Cuando me tuve que ir seguimos en contacto, me iban a visitar, salíamos a comer. Después pasé por otras dos familias y volví con ellos. Pude entrar a estudiar Trabajo Social a un instituto y a los 18 deserté del Sename. Estaba cansada, anhelaba tener lo mío. Me puse a trabajar de garzona y a estudiar en las noches, así pude arrendar una pieza. Pero no pude hacer la práctica porque no podía dejar de trabajar».
¿Y cómo llegó a la Fach?
«En ese momento un conocido me dijo que postulara a la Fuerza Aérea. Pensé que por venir del Sename no iba a quedar, pero este matrimonio me convenció. Insistieron en que lo intentara. Y quedé. Carmen y Didier son parte de mi familia. Ellos hicieron que yo creyera en mí. El día que egresé de la Fach, los invité como mis papás. Entrar a la Fach fue una oportunidad para salir adelante».
Hay cierta resistencia a ser familia de acogida.
«Muchas parejas no quieren sufrir al tener que dejar a un niño, pero es egoísmo, porque no piensan en lo que pueden entregarle al niño, que es este cariño permanente, el voy a estar contigo pase lo que pase. Ser familia de acogida no significa que al final vas a sufrir, puedes mantener el contacto, el cariño. Ojalá muchas familias postulen pensando en los niños, más que en sí mismos. Que se den cuenta de la oportunidad que le pueden dar a un niño. Que mientras más familias de acogida existan, menos niños se sentirán desolados, menos niños crecerán sin ese núcleo familiar».
¿Pensó que le iba a costar la maternidad?
«No, porque la relación con mi mamá fue excelente. Ella fue un ejemplo, y es como quiero ser para mi hija. Lo poco que estuvo, sembró algo muy bonito.
El 2007 más del 90% de niños y adolescentes en cuidados alternativos fueron atendidos en residencias y solo el 8% en familias de acogida. El 2023 el cambio fue drástico. El 66% de los niños estaban en una familia temporal y el 34% en residencias. Actualmente hay más de 500 niñas y niños menores de 3 años en residencias, que esperan poder llegar a una familia de acogida. Para postular se puede visitar www.servicioproteccion.gob.cl (https://acortar.link/hhUBj6).


