Damien Esquerré explica cómo un grupo de geckos se adaptó a la zona más árida del planeta
El estudio fue liderado desde Australia con colaboración de científicos chilenos y estadounidenses.
Durante décadas, los geckos del género Garthia parecían ser siempre los mismos: pequeños reptiles de ojos grandes, sin párpados, huidizos entre las piedras del norte chileno. La ciencia los catalogaba en una o dos especies y ningún estudio había mirado su genética con atención. Hasta que un equipo internacional, liderado por la University of Wollongong en Australia, demostró que la historia era distinta.
El trabajo, publicado en la revista científica internacional Molecular Phylogenetics and Evolution, revela que estos lagartos esconden una diversidad inesperada: hasta once especies genéticamente distintas, separadas hace millones de años, pero casi idénticas a simple vista. El hallazgo reescribe lo que se sabía sobre la evolución en uno de los lugares más secos y antiguos del planeta.
El biólogo chileno Damien Esquerré, doctor en Biología Evolutiva por la Australian National University y académico de la Universidad de Wollongong, fue uno de los autores principales del estudio. Desde Australia, habla sobre el descubrimiento y las implicancias de un desierto que aún guarda secretos bajo su superficie.
«El trabajo en terreno tomó alrededor de dos semanas y fue liderado por mi colega Stuart Nielsen, de la Universidad de Louisiana en Shreveport, y por Claudio Reyes, de la Universidad de Chile. Las muestras luego las analizamos en Australia, donde el trabajo demoró unos ocho meses», recuerda Esquerré.
¿Qué revela este estudio sobre cómo estos geckos lograron adaptarse al desierto de Atacama?
«El hecho de que vemos especies que se separaron hace 20 millones de años -para ponerlo en perspectiva, los humanos y chimpancés tienen seis millones de años de divergencia- y que se mantienen casi idénticas indica que el desierto impone presiones selectivas muy fuertes. Estas especies están bajo mucha presión selectiva y se encuentran, en cierta forma, en un óptimo adaptativo (un equilibrio evolutivo en el que la especie está tan bien ajustada a su entorno que cualquier cambio podría ser perjudicial)».
¿Cuáles son las principales diferencias que encontraron entre las especies?
«Ha habido debate sobre si existen una o dos especies de geckos del género Garthia, con una supuestamente restringida a la cordillera de la Región de Coquimbo y otra presente en las zonas costeras e interiores del Norte Chico de Chile. Se diferenciaban por rasgos muy sutiles, pero nadie había analizado su genética. Nosotros fuimos los primeros, liderados por mi estudiante de doctorado Kamryn Carter, en la Universidad de Wollongong, en Australia. Encontramos que hay al menos dos especies, pero sus distribuciones no corresponden a costa versus cordillera, sino a norte y sur del desierto. Además, hallamos evidencia de que pueden existir hasta once especies dentro del grupo. Son especies crípticas, completamente aisladas reproductivamente -lo han estado por millones de años-, pero casi idénticas a simple vista. Pueden reconocer sus diferencias mediante feromonas, por ejemplo».
¿Qué fue lo que más le llamó la atención o le sorprendió durante la investigación?
«Habíamos hecho apuestas sobre los resultados, y, basado en mi experiencia, yo había apostado que íbamos a encontrar evidencia de una sola especie. Los resultados fueron muy emocionantes y de esos momentos de descubrimiento científico que dan sentido a lo que hacemos. Le debo varias cervezas a mi colega Claudio por haber perdido la apuesta, y me alegro de haberlo hecho».


