Osteoarqueóloga Malin Holst dice que los combatientes eran inusualmente musculosos
Lo más emocionante es que tenemos la primera evidencia de que los romanos luchaban contra grandes felinos como entretenimiento, dice Holst.
Tras 1.500 años después del último combate entre gladiadores y leones, se mantienen como un espectáculo que muchos quieren ver, aunque sea sólo en película. El profesor Tim Thompson de la irlandesa Universidad de Maynooth lideró la investigación «Evidencia osteológica única de combate gladiatorio entre humanos y animales en la Britania romana» (https://bit.ly/4jx1FJX).
El estudio concluyó que «nuestra comprensión de los combates de gladiadores romanos y los espectáculos con animales estaban basados en textos históricos y representaciones artísticas. Este descubrimiento proporciona la primera evidencia física directa de que tales eventos tuvieron lugar en este período, lo que redefine nuestra percepción de la cultura del entretenimiento romano en la región». El estudio, publicado en la revista «Journal of Science and Medical Research PLoS One», fue un esfuerzo de varias universidades en que se enfocó en el esqueleto de un hombre de entre 26 y 35 años y aproximadamente 1,72 metros de altura determinando que en el hueso de su cadera, tenía la hendidura del diente de un felino grande.
Hombre versus león
Malin Holst, profesora de Osteoarqueología del Departamento de Arqueología de la inglesa Universidad de York; especialista alemana en excavación, análisis e informes de restos humanos y también parte del equipo de investigación, precisó a LUN que las sugerencias previas de este tipo de combate provenían de documentos históricos, mosaicos, pinturas murales, cerámica y grabados en piedra. «Eran individuos inusualmente musculosos que habían entrenado desde la adolescencia. Sus esqueletos mostraban evidencia de trauma muscular, heridas de combate curadas y habían sobrevivido al entrenamiento y al combate durante algún tiempo. Lo más emocionante es que tenemos la primera evidencia de que los romanos luchaban contra grandes felinos como entretenimiento», afirma.
Spoiler
Holst detalló que las marcas de mordedura fueron escaneadas en 3D con luz estructurada y comparadas con mordeduras de leones en zoológicos británicos. «Se examinó la ubicación de las marcas y se comparó con la evidencia de cómo los animales grandes atacan a sus presas. La investigación determinó que la marca de mordedura fue causada por un felino grande, probablemente un león», precisa. Carla Rey, médico urgencióloga de la Posta Central expone que el león, por su forma de sus dientes y fuerza, puede desgarrar la piel, hacer lesiones más profundas con compromiso de vasos sanguíneos y fracturar. «Si la mordedura destroza las vísceras abdominales, se puede esperar compromiso de grandes vasos sanguíneos o incluso ruptura de algún órgano, que puede llevar a una sepsis». Comentando que, dependiendo del daño y volumen de sangrado, el gladiador se habría desangrado. «Podría ser un par de horas o menos, incluso», agrega Rey.
El imperio
Holst destaca que la ciudad inglesa de York era importante en el Imperio Romano por lo que varios emperadores y otros funcionarios vivieron, la visitaron o incluso murieron ahí entre los años 193 y 308 de la Era Común. «Cuando estas importantes personalidades llegaban y eran homenajeadas, incluso con combates de gladiadores o enfrentamientos con animales salvajes. Nuestra evidencia demuestra que este entretenimiento con la participación de gladiadores altamente entrenados podía ser bastante prestigioso y que llegó, al menos, un felino salvaje desde África. Capturar un león u otro felino grande y transportarlo a York habría sido logísticamente difícil y costoso», aclara Holst. Mauricio Uribe, arqueólogo y director del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, aclara que los torneos de gladiadores romanos no eran como vemos en las películas. «No eran deportes sangrientos sino parte de ceremonias para recordar a los ancestros, pater familias y, finalmente, a los césares. Eran actividades ceremoniales reservadas para actividades específicas, principalmente funerales», dice.
Cementerio
En 2004 se encontraron 82 esqueletos masculinos jóvenes de 1.800 años de antigüedad, que mostraban señales de entrenamiento gladiador, heridas curadas por combates y entierros poco comunes del período de ocupación romana, en Driffield Terrace, uno de los cementerios de gladiadores mejor conservados del mundo. «Este cementerio se encuentra junto a una calzada romana que sale de York y hemos analizado otros esqueletos en las cercanías, que eran cementerios familiares típicos, con niños, mujeres y hombres de todas las edades. No esperábamos encontrar uno exclusivo de gladiadores», afirma Holst.
Hasta UK
Veinte años después, su estudio de uno de esos esqueletos es el que demuestra este tipo de enfrentamiento. Uribe advierte que de una sola persona no se puede inferir el comportamiento de un imperio, pero que, sin embargo, entrega información valiosa, como por ejemplo, que el Imperio Romano se extendió hasta Inglaterra, dejando evidencias como ésta. «En una persona se puede reconocer aspectos del estilo de vida, como dar cuenta de la alimentación que tenía, la forma de fallecer, el lugar en el que estaba, se asocia a qué comunidad estaba cercano y otras», comenta.


