Alcaldesa fue anfitriona del acto final de Sebastián en Concepción
E ste es el verdadero cierre de campaña de Sebastián Piñera. O al menos el último. La diagonal Pedro Aguirre Cerda en Concepción está repleta. Según Daniel «Huevo» Fuenzalida, quien acaba de resucitar en este preciso instante como animador, Carabineros le dijo que hay «22 mil personas».
El presidenciable de la Coalición por el Cambio elige el puente viejo de la ciudad para repetir conceptos. «Le ganaremos la batalla a la delincuencia», «crearemos un millón de empleos», y el resto usted ya lo sabe. Firma sus compromisos con la Región del Biobío, le da un beso cuneteado a su mujer que está de cumpleaños y parte a emperifollarse. Para, ahora sí, dar su discurso final-final.
En el escenario de su cierre, el grupo «Garras de Amor» la rompe.
Media hora de canciones tropicales después y sube al escenario una flaca de ceñidos pantalones blancos que provoca alaridos. Es la alcaldesa Jacqueline Van Rysselberghe. «¿Estamos dispuestos a jugárnosla por Sebastián este domingo?», pregunta. Le responden que «sí». Todo «sí» con tal que siga paseándose por la pasarela entre piropos irreproducibles. La gente no quiere que se vaya, pero debe hablar Piñera.
«Este domingo haremos historia», lanza el candidato, y agrega que «el mar no se secará ni el sol se apagará» si gana. La gente lo ovaciona y estalla confeti por todos lados. Pablo Longueira se muestra feliz, Marcela Sabat y Lily Pérez saludan mecánicamente y Jacqueline se sacude los papelitos pegados a su anatomía con bastante gracia, regalando el último minuto feliz de la jornada.


