Ícono mundial de la sismología, está en Chile: Debo reconocer que el 8,8 me sorprendió
Hiroo Kanamori, considerado el nuevo Richter, dice que el tsunami del 27 de febrero fue un tercio del que tuvimos hace 50 años.
Hace un año y medio Hiroo Kanamori recibió una invitación de Sergio Barrientos, el director del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile, para conmemorar los 50 años del megaterremoto de Valdivia. Él, considerado un ícono mundial del estudio de los movimientos telúricos, aceptó gustoso y desde ayer está participando en la «Conferencia Chapman sobre terremotos gigantes y sus tsunamis», que se desarrolla en Viña del Mar y tiene a 100 científicos del planeta hablando de cataclismos.
Como el 27 de febrero Chile se movió casi tan ferozmente como aquella vez, el encuentro tuvo un giro y Kanamori, de 73 años, tuvo que olvidarse de la presentación que había preparado. «Debo reconocer que el terremoto de febrero me sorprendió. Sospechábamos que sucedería, pero enterarme de que fue magnitud 8,8 fue sorprendente. Fue más fuerte de lo que pensaba», admite.
Kanamori es llamado por sus pares mundiales como «el nuevo Richter», ya que el japonés creó la escala sismológica de magnitud de momento que, en definitiva, amplía la creada por el norteamericano Charles Richter, por cuanto se basa en la medición de la energía total que se libera en un sismo. Gracias a sus cálculos, el analista asiático logró determinar en 1974 que el terremoto de Valdivia fue realmente de magnitud 9,5. Eso es 24 veces más que el 8,8.
El científico, invitado por la Universidad Católica de Valparaíso, cuenta que a una hora de ocurrido el desastre de Cobquecura recibió los datos en su correo electrónico, pero como a esa hora dormía en su casa de Los Ángeles, Estados Unidos, recién se enteró cuando despertó. «Como a las 7 de la mañana vi la información y empecé a analizar los datos. Después llamaron periodistas japoneses, que estaban preocupados y querían saber si podía ocurrir lo mismo que en 1960, cuando el tsunami de Valdivia llegó a Japón y mató más de 100 personas», cuenta el profesor del California Institute of Technology.
«Pero eso ahora no pasó», asegura Kanamori. «El tsunami de febrero fue un tercio del que ocurrió en 1960. Las sacudidas que sintieron las personas en los terremotos 8,8 (2010) y el 9,5 (1960) se podría decir que fueron iguales. La diferencia está en el componente de largo período del movimiento (casi 9 minutos en 1960 y poco más de 2 minutos el 2010), que es más difícil medir, pero que hace la diferencia para que un tsunami haya sido más grande que el otro», agrega.
-Hablarán de megasismos
100 mentes brillantes
Marco Cisternas y Sergio Barrientos lograron traer a las 100 mentes más sobresalientes de la sismología mundial a Chile, al congreso que parte hoy y que patrocina la Unión Geofísica de Estados Unidos. Entre los invitados están George Plafker, quien estudió cómo se levantó la tierra en Chile en 1960, y Brian Atwater, experto en tsunamis del USGS. «Esto es lo más cototo que se ha hecho en cuanto a terremotos y tsunamis en Chile», dice Cisternas, geógrafo de la Universidad Católica de Valparaíso.
-Lo de Álvarez fue terrible
Hernán Velásquez era subteniente del Regimiento Caupolicán de Valdivia. Paseaba en su moto por la ciudad cuado vino el sismo 9,5. «Sentí que una persona se aferraba a mi cuello y pedía suplicante que la llevara a uno de los cines, porque ahí estaban sus tres pequeños hijos. Accedí. Los niños estaban a salvo». Después, en el regimiento, debió alimentar a los damnificados que llegaban hambrientos, pues en la ciudad no había nada. Otro episodio atroz fue cuando un soldado de apellido Álvarez, tras cinco días en Valdivia, pregunta por Mehuín. Ahí estaba su hijo. Fue enviado de inmediato, pero encontró al niño muerto entre unos matorrales. En Terremoto1960.cl está el relato completo de Velásquez.
-«Me abracé al suelo»
Al entonces adolescente de 16 años Sergio Matus, el desastre lo pilló solo en su casa. «No pensé en nada, todo era extraño, me abracé al suelo de tierra húmeda. Alrededor mío cayeron restos de ladrillos», recuerda y, como tantos otros sobrevivientes, recalca que nadie pudo mantenerse en pie durante el terremoto. Con los restos de su casa Sergio armó una mediagua que su familia compartió con otras tres. En una fogata calentaron agua sacada del río y bebieron té, pero estaba salado, porque las aguas se habían mezclado (Relato en Terremoto1960.cl )


