Kathy Orellana habla desde su internación: «Soy alcohólica»

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La cantante está en un centro de rehabilitación desde fines de noviembre de 2023

Admite que lo más difícil es estar lejos de su hijo de 11 años y explica por qué posteó y después borró un video en el que se le veía errática.

Tras someterse a un bypass gástrico en 2007, Kathy Orellana cuenta que «cambié  la adicción a la comida por la adicción al alcohol». «Soy alcohólica», reconoce desde la fundación Creeré, el centro de rehabilitación de Talagante donde se encuentra internada desde el 27 de noviembre de 2023. Pese a que asegura ser «otra mujer» desde que empezó la terapia, debió ausentarse por dos meses luego de que a su mamá le diera un ACV. «Tuve que ir a cuidarla, estuvo a punto de morir, quedó semi postrada. Ahora que anda en burrito y que sus hermanas la pueden atender, retomé el tratamiento el 28 de enero», dice la cantante que se hizo conocida en el programa «Rojo» cuando tenía apenas 18 años. Actualmente tiene 41.

En ese paréntesis siguió con un tratamiento ambulatorio y hablaba varias veces al día con su terapeuta. «Tuve la necesidad de internarme porque llevaba más la mitad de mi vida tomando demasiado alcohol», recalca y admite que «todos los días uno se siente tentado, porque esta es una enfermedad para toda la vida. No puedo decir que gracias a la rehabilitación nunca más me van a dar ganas de tomar o de consumir. Eso no va a suceder. Acá me enseñan mecanismos para poder controlar esa ansiedad, canalizar la energía de una mejor forma».

Puede recibir visitas los miércoles y domingos, y algunos días en determinados espacios de ocio tiene permitido usar su celular «porque ellos también entienden que es mi negocio (vende cápsulas de hierbas naturales para adelgazar desde la pandemia)». Su hijo Facundo, de 11 años, la va a ver e incluso los fines de semana se queda con ella. «Lo más difícil es estar lejos de él. Mientras tanto está con mi hermano y una prima, pero gracias a Dios tengo un hijo tan maduro que está súper contento porque recuperó a su mamita».

Kathy aclara que se trata de un tratamiento «individual, no es igual para todos porque depende del nivel de consumo y del estilo e historia de vida de la persona». «Hoy soy otra mujer. Llegué aquí con muchas caretas. Me veo una persona muy fuerte y resiliente, pero en definitiva lo que hace el tratamiento es desarmarte y armarte nuevamente. Yo ahora entro en un proceso de armado de todo lo que destruimos por dentro. Es como destruir un edificio, sacar todos los escombros y volver a construir sobre cimientos bien firmes, piso por piso», describe.

¿Qué me podría decir de un video que circuló recientemente en la que se le veía bailando medio errática? Se le comparó con Britney Spears.

«Sinceramente me quería sentir sexy, sensual. Después que lo subí, dije van a pensar que estoy de nuevo en problemas, pero como en el centro trabajamos la seguridad y no estaba en nada malo, lo dejé nomás. Al otro día empezaron los comentarios de que me veía rara porque además me cambié la técnica de pestañas (postizas) más los filtros que puse. Fue una bola de nieve. No lo quería sacar porque iba a estar aceptando lo que decían, pero al final lo borré porque era fomentar un tema que no era real. Le expliqué a mi hijo por si lo llegaba a ver o le hacían comentarios. Me dijo ay, mamá, en Instagram y Facebook la gente es mala. Mis papás y en el centro también entendieron. Hay que enfrentar las cosas y no evadirlas. Elegí tomarlo de manera positiva, porque eso me sirve también para contar cómo estoy. El mismo tratamiento me hace sacar lo mejor. En otro momento me hubiera puesto a pelear con todos, pero igual me dio risa que me compararan con Britney Spears. Se agradece».

¿Cuáles son sus planes inmediatos?

«Nosotros trabajamos con proyectos a corto plazo para manejar la frustración. En marzo mis terapeutas me van a ayudar para entrar a estudiar técnico en rehabilitación. Es impresionante la cantidad de mensajes que recibo de mujeres con problemas de alcohol y drogas que están en silencio, que nadie lo sabe. Me preguntan qué pueden hacer para sanarse porque no quieren perder sus vidas. Desde que entré a Rojo, cada caída, recaída y vuelta a parar de nuevo ha sido un testimonio y tal vez me hice conocida porque mi propósito sea ayudar y contar que sí existe la rehabilitación no desde el tecnicismo ni del estudio, sino desde la experiencia propia. Y también estoy contenta porque me han permitido ayudar al hogar, que es sin fines de lucro, haciendo una Creetón el 31 de marzo para reunir recursos. Faltan colchones, frazadas. Estuve llamando amigos, como Luis Jara y Rodrigo Díaz para que me apoyen. Convoco a los que puedan para que se sumen porque esta enfermedad mata en vida».

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