Ayer recibí dos pistas que me hicieron pensar que a Andrés Baile lo habían sacado con viento fresco de «Mira quién habla».
La primera, que estaba Willy Geisse en el panel del programa, muy en actitud de dueño de casa. Y no reemplazaba a Andrés Mendoza, porque él también estaba. Junto con Pablo Zúñiga, Pamela Díaz y la incorregible Patricia Maldonado (aunque llegó atrasada, marcando de paso el récord de ser la primera opinóloga que empieza una jornada de trabajo desde la carretera y lo termina en el estudio). Es decir, un panel que, descontando a Petaccia y Vivianita, no estaba hace dos meses.
La segunda pista: apareció por largos minutos una nota con el título «Larry Moe: Raquel, te vas quedando sola.». Les puedo asegurar que Baile, de seguir contando con el mismo poder que hace unas semanas dentro del programa, no habría permitido que me hicieran tamaño homenaje.
¿No será que le ofrecieron seguir, pero de notero y él, orgulloso, no aceptó?, llegué a pensar.
Desde mi búnker, ubicado bajo una conocida disco capitalina (la señal de la TV es horrible, pero tengo música gratis todo el año) llamé al diario y me aclararon la situación: Baile no se ha ido, sólo que ahora va tres veces a la semana. Esto me recuerda a una estudiante de Química con la que pololeaba en los plácidos 90: un buen día me propuso que pasáramos a ser amigos con ventaja y al mes que sólo fuéramos amigos. Ese incendio en tu Facultad no fue casual, Marcelita.
Aunque Baile no es un tipo muy agradable, al menos en pantalla, no le pueden hacer esto. No, señor. Aunque tampoco soy santo de su devoción y me basurea tupido y parejo cada vez que puede, eso no me hace desconocer que él es «Mira quién habla», el corazón, y me atrevería a decir que el cerebro de ese reducto farandulero. Y le está pasando lo que a Jennifer Warner con «S.Q.P.».
Durante cuatro años fue más que un opinólogo para los telespectadores del programa. Puso todo su histrionismo y su arsenal de imágenes televisivas (que es el segundo mejor del país, después del mío) al servicio de la titánica lucha por doblegar a su fuerte competencia.
Por lo demás, él trajo a Pamela Díaz, su gran amiga, a esa mesa. Él consiguió que, para todo Chile, el Mago Jiménez, otro de sus cercanos, le aclarara en su cara (bueno, vía telefónica) a Adriana Barrientos, que su «guagüita» no era ella, sino una desarrollada adolescente llamada Coté López.
Claro, Baile ha embarazado y desembarazado a gente como Claudia Schmidt y Maura Rivera, pero el que esté libre de pecado en este negocio que tire el primer pañal. Nada justifica lo que le están haciendo.


